Se muestran los artículos pertenecientes a Marzo de 2005.
01/03/2005
El increíble talento de Victoria Frances (ironía)
Me encanta sentirme incomodo. Siento como si la própia incomodidad me llenase, me realizase... Como cuando suena una pieza de jazz y parece que todas las notas están encajadas más por la voluntad del músico que por su naturaleza, y sentido, musical en sí. Ver un cuadro asímetrico y realizarse en la incomodidad que ello provoca. De eso estoy hablando: situaciones que huyen del convencionalismo, tanto en la comodidad como en la tranquilidad de la consciencia. Són los fantásmas que conseguimos generar en nuestro interior y que provocan esa intranquilidad los que nos configuran como individuos. Al explorar los lados menos agraciados de nuestra vida nos conseguimos mantener en guardia, siempre activos, curiosos, vivos... preparados para romper toda barrera que se construya, llegando a estados de decadencia total... pero siendo uno mísmo al fín y al cabo.
Continúo el artículo varios meses despues. Creo que debería matizar un poco esta idea. La incomodidad atrae, igual que una vida llena desbordante de problemas es mil veces más rica que la aburrida perfección. La belleza de la música clásica reside en esas imperceptiblers varíaciones de tempo, las que transportan el verdadero sentimiento de su interprete. El jazz, tan complicado, tan dificil de hacer agradable y digerirlo... pero esa indigestión intelectual, ese desafío a nuestras tripas... ahí reside su belleza. Algo que nuestros instintos rehuyen, pero que con un pequeño esfuerzo podemos asimilarlo intelectualmente en su sentido o, incluso, su sinsentido. Este punto de vista está bastante desprestigiado actualmente, cuando las avanzadillas del arte no són más que meras comparsas comerciales que disimulan su falta de talento en la más pura insensatez, vacía de contenido, vacía de alma. El dada no tenía sentido, pero tenía alma, había un creador detrás que imprimiía fuerza e inspiraba vida en ese caos. Pero ya no vivimos en esos tiempos donde las inquietudes hacían que la mediocridad fuese tan sólo el desvarío de un surrealista. No. Ya no existe trasfondo en el arte, ni vida, ni fuerza, ni energía. Sólo comodidad y mierda. El viejo borracho es un gran escritor desconocído por un público que siglos antes le hubiese recibido como a jesucristo. Que le ha pasado a la vida? Se ha vaciado. Sólo grandes escritores y ni una sola obra que valga la pena. Sólo músicos sin canciones... Sólo nada. Aburrimiento. Qué vivo se siente uno ante la incomodidad.
02/03/2005
Nadar en el olvido

Enciendo un cigarrillo mientras me siento en un banco, cerca de la playa del trstemente conocido pueblo Castelldefels. Una vez vi una imagen que definiría a este pueblo: había un nuevo bar que prentendía ser vanguardísca, con un mobiliario digno de Vinçon, una decoración minimalista y una predominancia de colores claros (blanco y beige), lo que vulgarmente se conoce como modernetes. Parecía pedir a gritos que artístas con boinas y puritos cafe creme y otra beautiful people fuesen a setarse en sus sillas y a pedir un martini, o algo parecido. En vez de eso, su cliente era la señora maría: una señora que pasa de los cincuenta años, con el pelo rizado y algún rulo colgando en la parte trasera (es auténtico: lo ví con mis propios ojos) y una bata de cuadros azules y blancos. Ver a aquella señora riendo y gritando para saludar a sus amigas que pasaban por la calle parecía justificar la cara de un pobre camarero, que tal vez esperase encontrarse con otro tipo de cliente. Sé que es una imagen un poco cruel, porque... quienes somos nosotros para decicidir donde puede o no ir esa señora? Sea como fuese, imaginaos el cuadro. Eso es Castelldefels. Pero yo estaba lejos del pueblo, y tampoco había nadie en la playa: era noviembre y el cielo tomaba tonos plomizos. El viento era ensordecedor y el mar rompía con fuerza contra la fina arena de la costa. Es un cuadro deprimente, pero tiene su encanto, y este reside en el hecho de saber que no hay nadie. No tardó en caer una fina llúvia y al rato pagué el cigarrillo. Nadie sabía que estaba ahí. tenía ganas de acercarme al mar, penetrar en él y no salir nunca más. Desaparecer. Alguien hablaría de mí cuando hubiese desaparecido? No importa. Nadie hablará de mí, ni del bar ese del pueblo, ni de la señora maría ni del president de la generalitat. Que más da dejarlo todo y migrar hacía otra parte, lejos de escenarios conocidos, rosotros conocidos y lazos afectivos? No es que acabase de darme cuenta de lo arraigados que estamos en un territorio: amigos, amantes, familia, trabajo, proyectos, sueños, ilusiones... pero en ese momento me entraron ganas de dejarlo todo: huír bien lejos, que nadie nunca supiese donde he ido. Tal vez a Buenos Aires, o a Nueva Orleans... suficientemente lejos como para empezar de nuevo, para poder huír seguidamente de ese lugar para volver a empezar... y así sucesivamente. Tal vez tanto cambio acabase por minar mi esencia como persona: son nuestras raíces las que nos definen, no? Tal vez estubiese condenandome a ser olvidado... Y que más da. Que es lo que realmente importa de mi vida como para necesitar ser recordado a toda costa. Tengo miedo de que si se me olvida pierda mi identidad? Quién soy yo? Soy la imagen que tienen los demás de mí? En que me con vierto si no puedo verme reflejado en los recuerdos de otra persona? Preguntas y más preguntas... tengo ganas que se disuelvan en el agua en cuanto me ponga a nadar en el mar del olvido.
30/03/2005
Zombie
El caso es que me reincorporé al trabajo y este me impidió atender a este blog. Ni siquiera ahora tengo tiempo para escribir, pero tengo necesidad de hacerlo. En estos días me he cortado el pelo, he montado (sigo en ello) un nuevo grupo, sigo con las clases, me ocupo de la revista, he conocido un mundo muy alejado al mío... he visto una nueva forma de reafirmarme como individuo. Por ello he pasado en soledad la semana santa. Ya no dependo de nadie para nada. Por primera vez he aceptado una soledad que ha estado conmigo desde el principio. He apagado todos los amplificadores para escuchar el silencio: siempre ha estado ahí, simplemente me he dedicado a ocultarlo para creer que las cosas me ivan bien. A la mierda con el bien y el mal. No quiero la felicidad, pero tampoco quiero la soledad. Me ha costado aceptarla, me ha costado mucho aceptarla, admitir que ahí ha estado siempre. Dale la mano a la nada para sentirte realmente acompañado.
En poco tiempo he llegado a aborrecer a la gente. No es que haya desarrollado algún tipo de agorafobia psicotica, simplemente es que me acabo de aceptar a mí mismo como individuo y no como parte de algún grupo. Siempre quise tener un grupo pero el desencanto me ha enseñado que yo no estoy hecho para eso. Se critica a los músicos de jazz por ese mismo motivo. Que más da? Yo soy músico y hago la música que yo quiero escuchar, como Nietzche escribió lo que pensaba, como el lobo de la estepa caza lo que quiere, sin necesidad de un grupo a quién demostrar lo que sea. Egoísmo, individualidad o como quieran llamarlo, pero al final estoy yo, solo yo, y no le debo nada a nadie, no soy mejor ni peor. Soy yo.
Enfermo o sano, loco o cuerdo, entero o a pedazos, moderado o pasado de rosca...
Yo soy yo para mí.
Hay algo que pueda cambiarlo? Seguramente si. Aún creo en el amor, aunque este no sea el mismo en el que cree la gente. Creer... que raro me suena esa palabra... pero como definir algo para lo que vale la pena seguir con vida... aunque sea irracional?

