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Spleen

Naturaleza muerta

Siempre acabo gritando a un muro. Los gritos rebotan rebotan en la habitación hasta hacerme enloquecer. Sin embargo sé que tengo la llave, sé que puedo salir facilmente de este encierro. Pero no quiero. Disfruto con mi propia agonía. Es el camino que he elegido seguir. Miro constantemente la cerradura, tentado por salir, tentado por dejar de sangrar. Sin ambargo sigo ahí, atado y prisionero en mi propia locura, rodeado de las mismas imagenes, dejándome corroer por mis obsesiones, miedos, deseos, odios, amores, fantásmas que llaman siempre a la puerta. Algunos se quedan fuera, mirando por ventanas que no existen, con miradas burlonas que aunque no veo, las siento pesar sobre mi nuca. Otros pasan dentro y se dedican a pasar el día conmigo, recordándome su existencia. Podría huír de ellos, sería tan facil... pero me empeño en seguir encerrado. Soy victima y verdugo, porque sólo yo me dejo aguojonear. Abro la puerta a los fantasmas para que entren y me torturen. Es facil huír. Es facil salir. Porqué me empeño en seguir encerrado? Porqué me empeño en seguir dejando entrar a más verdugos de los que necesito? Puede que el dolor me recuerde que sigo vivo, que puedo seguir sintiendo, que mis emociones son reales. Aunque a veces dudo de esas emociones, porque al fin y al cabo, los fantásmas no dejan de ser humo, un humo que me hiere al respirar. Me molesta su presencia, pero no hago nada para evitarlo. Me rio. Les enseño mis sucios dientes, dejo a su merced mi escualido cuerpo para que acaben con él de una vez por todas. Solo soy un demente que quiere destruirse, y la risa es solo el retorcido reflejo de una inmunda amargura. La ironía es el reflejo malsano del sarcasmo y yo caigo rodando en la llanuras de nadie. Mis manos se aprietan entre sí hasta que el dolor me impide respirar. Sigo apretando y las uñas se hunden en mi carne. Más sangre gratuíta. Más dolor inecesario. El deseo de que esto acabe y el disfrute por saber que nunca acabará hasta que acabe conmigo. Cuanto tiempo puede alguien soportar la peste de la sangre, las orines y las heces? El sonido estrángulado de su própia voz demente y los estertores de muerte que desvelan sus sueños? Pero sigo ahí. Encerrado. Y tengo la llave para salir, para acabar con todo. Me miro al espejo y veo a un extraño. Quiero emocionarme pero ya no caen lagrimas. Cuando dejen de dolerme las heridas infligidas puede que ya nada valga la pena... ni tan siquiera salir de este encierro. El lobo estepario es un monje mal parido que se masturba demasiado y la sangre de cristo era el mismo semen en el que se bañaba Cleopatra. Los esqueletos siguen danzando sobre un rio compuesto de sangre, bilis, semen y lágrimas. Todo está en ese rio. La vida entera, la misma esencia de toda la realidad... todo está en ese rio. Y yo bebo de él porque yo mismo lo produzco, con mi carne, mi angustia, mi sexo y mi pena. Pero no saldré... No dejaré que nadie me arrastre fuera. Muerte, dame un beso, que sea dulce y que tu abrazo me haga sentir vivo. Todo se resume a esto.
Mientras tanto... la tierra sigue girando y yo sigo envejeciendo.
Te quiero.
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