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Spleen

Universitas

Asistí cierto día a una reunión con el grupo de un seminario sobre los derechos humanos. El venerable anciano que daba la charla (en la que sólo unos pocos elegidos pudieron sentarse, y un servidor no se encontraba entre ellos) daba ejemplos de su pragmatismo y sentido de la realidad a la hora de conjeturar sus hipotesis. No es que tenga nada encontra de los derechos humanos, ni que esté a favor del terrorismo, pero justificar un estado policial para salvaguardar nuestros derechos no es precisamente lo que esperaba oír en un circulo que se autodenomina progresista. Me gustaría haber intervenido pero preferí callarme y dejar a ese hombre continuar, y reírse de nuestra juventud y fardar del té que tomó con Arafat viendo las luces de Jerusalem. Todo eso está muy bien, pero no puedo darnos estos datos para sostener tesis que se contradicen alegando la tranquilidad de su consciencia. Me explico, ese hombre tenía ideas que bailaban, cosa que no me parece mal, porque todos las tenemos. Lo mejor que le puede pasar a un hombre es dudar de sus propias convicciones y ponerlas contínuamente en evidencia; lo que no es correcto es dar un argumento y justificarlo con un ejemplo que es el contrario en su esencia pero válido en su materia para encajarlo en su discurso. Católico y con la consciencia tranquila... a eso tenemos que aspirar aquellos que queremos saber? Como no se cansó él de repetir... Bajemos a la realidad, decía, pero se encontraba a varios pasos sobre el suelo. Tal vez sea por su operación inminente, pero no basta con invocar al realismo, sino que hay que aspirar llegar a él, para acercarse un poquito a la realidad. No se cansó en toda la hora (o más) de repetir con contundencia la palabra terrorismo (machacando al libertador, cosa en la que coíncido con él), y recurriendo contínuamente a los artículos 15 y 17 de "esta" nuestra constitución. Pero que pasa con la objetividad? que pasa con el artículo 14? Como podemos defender la vida si tenemos que acabar viviendo la vida de otro? En resumen, un tiempo malgastado en ideas venerablemente decoradas pero insuficientemente trabajadas. Eso no quiere decir que ese buen hombre no se las hubiese trabajado, sino que tal vez las basaba demasiado en unas convicciones que sí deberían haberse trabajado más para que nuestra inteligencia no se sintiese insultada. "Es preocupante que nadie pregunte... así va el mundo..." Y quién es usted para decirnos eso?
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