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Spleen

Un paso atrás

Un paso atrás Renovarse o morir. Me veo como una maquina obsoleta... Y llegan tiempos para el cambio. Esos tiempos huracanados de los que uno se resguarda como puede esperando que, a su cese, al levantar la cabeza no hayan volado demasiadas cosas. Es inutil y doloroso aferrarse a aquello que se pone en el paso del cambio. Sin embargo, siempre deseamos que aquello no desaparezca del todo, pues somos lo que fuimos y por mucho que no nos reconozcamos al mirarnos al espejo, siempre sabremos que bajo nuestra sonrisa llacen lágrimas agrias, euforias oxidadas, ilusiones sedadas... Y el cambio continua, implacable, y tendremos que adaptarnos. Porque somos máquinas obsoletas, repletas de sueños obsoletos, que hicieron la elección de dejárse llevar por ese cambio y, sin embargo, seguimos siéndo incapaces de olvidar lo pasado. Máquinas no aptas para la supervivencia, máquinas destinadas a extinguirse, máquinas que morirán solas en el camino, acompañadas por sus recuerdos, sus pesadillas, sus fantásmas... Sólo esos sentimientos que producen descargas de adrenalina nos hacen mover, y siempre nos veremos obligados a sacrificar ese maná ante el altar del cambio, condenados, como Sílsifo, a la sed eterna... hasta que se apaguen los motores... condenados a saborear la vida... hasta que la soledad nos envuelva. Esa soledad temida pero escojida. Nacemos solos, vivimos solos y morimos solos. Ese sentimiento habita en nosotros como una úlcera sangrante, doloroso recuerdo de nuestra condición. Cuando creemos que por fín se terminaron los días de sequía, nuestro pacto con el cambio nos arrebata aquello a lo que queremos aferrarnos por toda la eternidad. Odioso pero elegido. Maquinas obsoletas creadas para ahuyentar a todo aquel que nos pueda dar lo que buscamos, creadas para alejar a todo aquel que se nos parece y podría entendernos, creadas para mantener distancias con nosotros mismos. Así pasan los días, hasta que lo físico se cubre de un manto de irrealidad y los días fluyen sin sentido, sin que nos importe. Máquinas obsoletas condenadas a su própia extinción, maquinas volubles que cambian de humor, maquinas que destruyen aquello que más aman, que convierten algo bello en un arma afilada de su retorcida perversión. Nacidos en esto, nacidos solos, nacidos con la firme convicción de que no pertenecemos a este mundo, ni a ningún otro... reyes sin tierras, sin lacayos, sin iguales, sin superiores o inferiores. Solo el eco en el vacio. Triste, pero tampoco es cuestión de dramatizar demasiado la situación, al fin y al cabo, elegimos ser así, no se trata de un destino impuesto. Hay que aprovechar las sacudidas de la vida para mantenernos en el camino, ese que nunca nos lleva a ninguna parte. Los vientos anuncian cambios... La realidad caerá, los recuerdos permanecerán... tan limpios y dolorosos como el primer día. Lo único que ha cambiado somo nosotros. Aunque tengamos la misma cara, ya no nos reconoceremos. Maquinas obsoletas de piel gris y arrugada y recuerdos duros como el diamante, maquinas condenadas al olvido...
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1 comentario

Lector Nocturno -

No sigues escribiendo? descubri el blog por casualidad y me he leido todas tus publicaciones son muy buenas quiero más
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