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Spleen

Quiero...

Quiero que mis poemas sean pornografía, que de mi pene salga sangre en vez de semen. Quiero llegar al orgasmo cada vez que un cuchillo corta mi carne, que se me caigan los dientes antes de llegar a los treinta, que mi fetido aliento espante a la gente... y mantenerlos a todos a, al menos, veinte metros de mi persona. Quiero que la vida se desarrolle de noche, para poder pasearme solo durante el día, dejando que el sol tueste mi piel y poder así parir un cáncer. Quiero que exitan los Jedi para poder ser un Sith, que existan los elfos para poder ser un orco, que exista la belleza para que pueda ser grotesco. Quiero que se mueran los feos para poder ser el más feo sobre la faz de la tierra, quiero que escupan sobre mi tumba para que pueda convertirme en la espuma del cava que vuela a través de las constelaciones. Quiero beber Coca-Cola para que su azucar joda pronto a mi riñón y tenga que vivir meando en un bolsita de plástico el resto de mi vida... no. Mejor. Que me hagan diálisis para que mi cuerpo se marchite antes de llegar siquiera a los 40. Quiero que me maten para no tener que tomarme la molestia de matarme, que alguien apague el sol para no tener que comprarme gafas oscuras, que se me caiga el pelo para jugar a ser un golem, que la llúvia me queme como el ácido para... acabar conmigo de una vez por todas. Quiero destruirme, aniquilarme, quemarme, mutilarme, flagelarme, masturbarme, fustigarme, amputarme, desfogarme, humillarme, desnudarme, pelarme, helarme, arrancarme, desangrarme, cagarme, mearme, retozarme... siempre con la pulcritud de un un puerco bañandose en sus própias heces. Dios... qué delicado... Dí mejor que el amor es como mearte encima y sentir como la humedad caliente impregna tu piel y la tela de tus pantalones, mientras que sus goteos son frios al salpicar. Siempre se enfría. Lo mísmo pasa con el semen, una vez lo expulsas, su tacto es tán frío como el alma. Como suele ocurrir, la metemos, la sacamos, la volvemos a meter hasta que expulsamos nuestros fuego directo desde los cojones y nos fumamos un cigarrito para tener algo con qué calentar el frío que nos envuelve. Donde estarás querida? No me hables, pensé que eras de otra manera. Y quién te crees que soy? Soy la misma persona que ayer, pero soy distinto a la de mañana. Eso es lo único que se te ocurre decir? Claro que sí, mujer, tengo la polla flácida y me muero de ganas de cagar, no querrías que te compusiese una oda porque esta jodida vida no es tan perfecta como pretendías, verdad? Eres un cabrón. Si, eso es lo que soy, un jodido y puto cabrón; pero no creas que me conoces, no tienes ni puta idea de quién soy: me has visto la polla no el alma, y por cuatro lágrimas que haya volcado sobre tu pecho no vayas a siquiera pretender que sabes quién soy.
Y murió la poesía, y con ella murió otra vez Alejándro Dumas, un gran poeta, un gran aventurero, un gran escritor y un gran follador. La via lactea es una corrida y el universo ha salido disparado de ese agujero negro que es el ano. Damnit!! Sabía que se me olvidaba algo... Iros a tomar por el culo! Yo escribo pornografía! Soy Cornabeaux metiéndole la mano en el coño a la chica que es asfixiándo mientras me la follaba, arrancándole las entrañas y poniéndome a bailar mientras me hago un vestido con ellas. Esto no es mío; pertenece a Apollinaire, pero hay más filosofía en esta escena gore y de mal gusto que en todos los escritos de Kant o de Descartes. Freud se equivocó en muchas cosas, acertó en pocas, pero muy a su pesar, mi estilo permanece salváje e indómito. Mientras sea Tashen quién siga publicándo los libros sobre Duchamp y Bacon, mientras Arlequín y Pierrot no pudan descansar en paz, mientras Alatriste prevalezca sobre Contreras, yo me proclamaré el último Dadaísta en activo, y que os zurzan a todos los demás. Si luego copiaís los poemas de Neruda para parecer unos artístas sensibles, recordad que yo sé mucho más sobre el amor que vosotros, aunque fuese en clase de secundaria en un podrido colegio francés en Castelldefels. Nací rojo en Barcelona e iré a morir negro a Paris. Se lo dejé muy claro a Fabián Lloyd.
No te pido que me entiendas, ni te pido que me folles, ni que me ames, ya no quiero sentir tus manos sobre mi piel... solo quiero que me devuelvas mi linterna, porque en la oscuridad solo brilló el dolor. Mi dolor. The End.
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