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Spleen

El día en que dejé de ser yo mismo

Cuando creía que sabía leer mis errores, vuelvo a cometer el mismo que ha marcado mis carnes. Algo me dice que no siga por ese camino, porque ya sé exactamente donde lleva: sé que es una batalla perdida, sé que si intento librarla perderé, y también sé que por el mismo camino, si permanezco en silencio, en mi interior algo volverá a morir... como siempre. Solo dos opciones, y las dos funestas por igual. Sin embargo ese es el camino que he tomado.

Evidentemente, acabo de confirmar que fue un error plantearlo siquiera. Terminé justo donde sabía que acabaría, con un diferencia respecto al pasado: me he rendido. Creo que hay algo en mí que ya no ha podido más, algo agonizante que ha terminado por morir, el sonido de algo roto, he estirado tanto el hilo que al final se ha desgarrado. Por primera vez en mi vida me estoy planteando tirar la toalla, estoy poniendo en duda el camino que me ha costado más de diez años labrar. Y si los demás tienen razón y yo soy el que se equivoca?Todo esto no lo provoca una reciente derrota, creo (o al menos espero, anhelo y deseo) que se trata de varias situaciones que se han ido acumulando, y que finalmente me han ahogado. Es el punto que sabía que llegaría, aunque nunca supe determinar exactamente cuándo. Estoy un poco decepcionado, creía que aguantaría más, pero queda claro que el mundo no me va a esperar, la vida sigue su curso, y para poder seguir en el camino hay que cambiar de botas. Ser como el resto, dejar de pensar, dejar de leer, dejar de soñar. Necesito empezar a vivir y para ello solo veo una salida posible: dejar de ser yo mismo. Stig Dagerman volvió a mi mente, de forma casual, pero qué momento más acertado para volver, para recordarme que hay caminos que no tienen salida. De eso mismo se trata: sé exactamente que cualquier camino que escoja se va a ver truncado, lo sé antes de empezar a caminar, y sin embargo lo hago. Pero me he cansado, me he cansado de caer, por eso he decidido sabotearme: me he dado cuenta de que no sirve de nada perseverar cuando el muro es infranqueable. Por eso el lobo deja de vagar, deja de luchar y se deja cazar, domesticar. Da rabia tener que darle la razón a todo el mundo, todos aquellos que, expectantes, esperaban ver como no me volvería a levantar. se trata de eso mismo, el aletear de una mariposa me ha noqueado, y en vez de levantarme, me quedo tumbado en el suelo, mirando al techo, contando las grietas, esperando que cuando mire a mi alrededor la realidad se haya evaporado, que el pasado forme parte de un simple mal sueño. Hoy vi a un chica que cuando dejó de sonreír se convirtió a un vieja, aproveché para ver mi propio reflejo y este me desafió con una cara de poker que no reflejaba para nada todo lo que bulle en mi interior. Se trata de una coraza que puedo transformar en máscara, y tal vez con el tiempo, aquel yo que encerré bajo siete llaves deje de existir para que sea la máscara quien defina quién soy yo. Sé que puedo hacerlo, tal es mi seguridad en ese aspecto que me aterra poder llegar a tomar la decisión que me dispongo a tomar. No será hoy, ni tal vez mañana, pero poco a poco, la única forma de sobrevivir en la estepa.

Si no estamos, dejamos de ser yo, si nos convertimos en otro, también dejamos de ser yo. Estoy condenado a que llegue un día en que deje de ser yo, es la única solución posible, la única salida de un laberinto que cada vez se hace más y más insoportable. 

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