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Spleen

Prólogo

-Buenos días!!!
Abrí los ojos.
-Te estaba mirando mientras dormías. Pareces un bebé.
-Ahmmm
Sé que no fue la mejor de las respuestas, pero en esos momentos me estaba peleando con las legañas. Demasiado temprano para articular palabras. En cuanto acostumbré la vista a la luz miré el reloj. Las once. Mierda, que tarde…
-Que tal bicho?
-Bien…bien…
Al menos conseguí articular algo coherente. Ahora tan solo me quedaba recuperar el control sobre mis músculos, cosa que no conseguí hasta que pasó un buen rato.
-Me gusta tu pelo.
-Pues aprovecha antes de que me quede calvo.
-Eres un borde. Me voy al baño un momento.
Todo eso lo dijo riendo. Para cuando desapareció por la puerta yo ya tenía el dominio de la mayor parte de los músculos de mi cuerpo. Si hubiese sido fumador habría sido un buen momento para fumarme un cigarro, pero como no lo era simplemente me quedé mirando el techo, procurando no moverme mucho.
Siempre había pensado que no habría momento más bello que levantarme abrazado a alguien. Me equivoqué. Ya no había sentimiento, había rutina, y eso se me estaba haciendo más insoportable que placentero.
Oí sonar la cadena del retrete y segundos después la vi aparecer por el quicio de la puerta. Se sentó en la cama, prácticamente encima mío y se puso a acariciar mi pelo. Ella me miraba mientras mis ojos huían a su mirada.
-Te quiero mucho.
-Y yo a ti.
Mi respuesta fue automatica. Sin una pizca de sentimiento que le diese veracidad. No me sentía a gusto.
Permanecimos callados un rato, en la misma posición hasta que ella se apartó para buscar un cigarro en su bolso. Lo encendió y se puso a fumar. Me pidió un cenizero y yo le alcancé una lata de coca-cola como respuesta a su demanda. Silencio. Así todo era más comodo. Entonces ella lo rompió al hablar de no recuerdo el qué. No la escuchaba. Intentaba aíslarme en una especie de silencio psíquico.
Entonces ella se quedó mirándome. Se ve que me acababa de preguntar algo.
-Sabes? Me gustarìa desaparecer. Irme de viaje muy lejos, donde nadie me reconocieses.
Me miró desconcertada.
-Ya viajaremos…y recorreremos el mundo juntos.
Porque se incluía en mis planes? No importa, de todas formas no era la respuesta que esperaba. Cada vez que abría la boca me parecía distanciarme más de ella.
-Iremos al nocturna esta noche?
Ahora fui yo el que la miró desconcertado. Que tenía que ver una discoteca con eso?
-Ve tú si quieres, ya sabes que no me gusta ese lugar.
-Vamos vente, que me voy a arreglar, y si me pongo guapa quiero que sea para ti. No querrás que me tiré la caña otro…
La verdad esque no sólo no me importaba, deseaba que ocurriese. Sería más facil dejarlo sin sentir problemas de consciencia.
-Mira, haz lo que quieras, pero yo a ese sitio no vuelvo a entrar. No me gusta la gente que hay ahí. Te conté sobre cuando fuimos Guille, Pogo y yo tras el concierto de Manson?
-Sí…no te cansas de repetirlo…
-Coño, esque aquel sitio frustraba a cualquiera. Los góticos sólo son “pelaos” vestidos de negro.
-Tú eres gótico.
-No lo soy. Mira, cuando era peque me hubiese gustado pertenecer a esa tribu, pero esque ahora mismo la encuentro estúpida. Me gusta pensar que he madurado. No necesito ir de negro con esos pingüinos para sentirme persona.
Su mirada me indicó que me había pasado. Siguieron algunos comentarios secos y al final conseguí que se enfadase. Me dio la espalda y comenzó a vestirse.
Soy un mal bicho, pensé. Me levanté (milagro, mis músculos respondían) y la rodeé con mis brazos desde su espalda. Su primera reacción fue resistirse, pero enseguida cedió y quedamos enlazados en un profundo beso.
-Que haría yo sín ti?
Un risa timida y una sonrisa fueron su respuesta.
Decididamente, soy un mal bicho.
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