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<rss version="2.0" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"><channel><title>Spleen</title><link>http://spleen.blogia.com/</link><description><![CDATA[ Las mentiras son larvas que crecen en mi boca 
]]></description><ttl>60</ttl><pubDate>Thu,  3 Jul 2008 10:58:37 -0500</pubDate><generator>http://www.blogia.com</generator><item>
<title>Krc_257</title>
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	<pubDate>Thu,  3 Jul 2008 10:58:00 -0500</pubDate>
<category>Sin tema</category>
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<title>Requiem</title>
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	<pubDate>Mon, 30 Jun 2008 23:24:00 -0500</pubDate>
<category>Sin tema</category>
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<content:encoded><![CDATA[	 <p>Acabo de darme cuenta de que he muerto. Debe hacer más de un año que caí en un pozo y no pude volver a salir. A veces todo es tan real que me cuesta creer que ya no sigo vivo. Hoy volvió a abrirse la herida y desgraciadamente no he podido culpar a nadie ni nada. He echado una ojeada y si, es mortal. Debí darme cuenta antes pero estaba tan empeñado en seguir vivo que olvidé sentir como el corazón dejaba de latir. Es una sensación extraña... Dejé pasar los últimos momentos de mi vida y ahora no voy a recuperarlos jamás. No asistí a mi propio funeral. Mi fuerza me abandonó, mi talento, mi ilusión, mi voluntad, mi aliento... y no me he dado cuenta hasta ahora. No es que me arrepienta de aquello que me llevó a mi situación, sino de no haber sido lo suficientemente valiente como para aceptar mi realidad. Dejé que una máscara tomara mi lugar y me aferré a ella pero ya no soy yo. Mis letras han perdido fuerza, mi pensamiento ha perdido el rumbo, mi personalidad dejó de determinarse en algún momento y una serie de personajes que no soy yo se hicieron con el timón. Triste situación la de luchar por dirigir un cuerpo sin vida, una vida sin ilusiones, una ilusión que tan solo fue el truco de un mago borracho tirado en la cuneta. Dicen que hay una luz al otro lado? Yo solo veo niebla. Una niebla espesa que no me deja ver bien, ni pensar, ni escribir. Necesito salir, necesito huir. Este cuerpo me está ahogando, esta vida ya no es mia. Por más que lo intento no consigo dar un paso adelante, me dedico a correr en circulos. Me preocupa la sangre que sale de mi boca, el olor a podredumbre que desprende mi cuerpo, mi total incapacidad para controlar mis palabras, mis actos, mis ojos, mis piernas, mis manos... A veces los sentidos se escapan a mi control y tengo la sensación de ser un capitán sobre una nave amotinada... Los días han dejado de tener sentido, el tiempo es solo algo de lo que habla la gente, pero yo quedé suspendido en el tiempo, mi alma quedó parada un año atrá, esperándo que mi cuerpo se descomponga del todo. Pensándolo mejor, me arrepiento de haber muerto. Tomé un camino peligroso, pero era el único que podía tomar... tenía que haber sido más cauto, más inteligente, más maduro... pero me refugié en una fantasía que sabía que nunca existiría, y a pesar de saberlo, dejé que acabase conmigo. Pero fue ella la cusa o una mera excusa para encender mi latente impulso autodestructivo? Primero falló la voluntad, luego la ilusión, seguidamente le tocó el turno a la memoria y ahora ya carezco de las piezas necesarias para completar el puzzle. Espero no haber dañado a nadie en mi caída. Hay algo que me hace inclinar hacia el si, y siceramente espero que sea cierto. No es muy noble por mi parte pero es la única razón que daría sentido a mi muerte. Da igual... Lo poco que queda de mí espera no haber causado daño y creo que poco antes de morir era este yo el que dominaba. Creo y espero que así fuese.</p><p>Sé que es tarde pero... lo siento. No sabes cuanto lo siento... Aunque nunca vayas a creerme.</p>	
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<title>Un paso atrás</title>
	<link>http://spleen.blogia.com/2007/091001-un-paso-atras.php</link>
		<description>Renovarse o morir. Me veo como una maquina obsoleta... Y llegan tiempos para el cambio. Esos tiempos huracanados de los que uno se resguarda como puede esperando que, a su cese, al levantar la cabeza no hayan volado demasiadas cosas. Es inutil y dolo...</description><comments>http://spleen.blogia.com/2007/091001-un-paso-atras.php#comments</comments>
	<pubDate>Mon, 10 Sep 2007 05:42:00 -0500</pubDate>
<category>Infernalia</category>
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<content:encoded><![CDATA[	 <img src="http://spleen.blogia.com/upload/20070910054209-machine.jpg"  class="left" alt="20070910054209-machine.jpg" />Renovarse o morir. Me veo como una maquina obsoleta... Y llegan tiempos para el cambio. Esos tiempos huracanados de los que uno se resguarda como puede esperando que, a su cese, al levantar la cabeza no hayan volado demasiadas cosas. Es inutil y doloroso aferrarse a aquello que se pone en el paso del cambio. Sin embargo, siempre deseamos que aquello no desaparezca del todo, pues somos lo que fuimos y por mucho que no nos reconozcamos al mirarnos al espejo, siempre sabremos que bajo nuestra sonrisa llacen lágrimas agrias, euforias oxidadas, ilusiones sedadas... Y el cambio continua, implacable, y tendremos que adaptarnos. Porque somos máquinas obsoletas, repletas de sueños obsoletos, que hicieron la elección de dejárse llevar por ese cambio y, sin embargo, seguimos siéndo incapaces de olvidar lo pasado. Máquinas no aptas para la supervivencia, máquinas destinadas a extinguirse, máquinas que morirán solas en el camino, acompañadas por sus recuerdos, sus pesadillas, sus fantásmas... Sólo esos sentimientos que producen descargas de adrenalina nos hacen mover, y siempre nos veremos obligados a sacrificar ese maná ante el altar del cambio, condenados, como Sílsifo, a la sed eterna... hasta que se apaguen los motores... condenados a saborear la vida... hasta que la soledad nos envuelva. Esa soledad temida pero escojida. Nacemos solos, vivimos solos y morimos solos. Ese sentimiento habita en nosotros como una úlcera sangrante, doloroso recuerdo de nuestra condición. Cuando creemos que por fín se terminaron los días de sequía, nuestro pacto con el cambio nos arrebata aquello a lo que queremos aferrarnos por toda la eternidad. Odioso pero elegido. Maquinas obsoletas creadas para ahuyentar a todo aquel que nos pueda dar lo que buscamos, creadas para alejar a todo aquel que se nos parece y podría entendernos, creadas para mantener distancias con nosotros mismos. Así pasan los días, hasta que lo físico se cubre de un manto de irrealidad y los días fluyen sin sentido, sin que nos importe. Máquinas obsoletas condenadas a su própia extinción, maquinas volubles que cambian de humor, maquinas que destruyen aquello que más aman, que convierten algo bello en un arma afilada de su retorcida perversión. Nacidos en esto, nacidos solos, nacidos con la firme convicción de que no pertenecemos a este mundo, ni a ningún otro... reyes sin tierras, sin lacayos, sin iguales, sin superiores o inferiores. Solo el eco en el vacio. Triste, pero tampoco es cuestión de dramatizar demasiado la situación, al fin y al cabo, elegimos ser así, no se trata de un destino impuesto. Hay que aprovechar las sacudidas de la vida para mantenernos en el camino, ese que nunca nos lleva a ninguna parte. Los vientos anuncian cambios... La realidad caerá, los recuerdos permanecerán... tan limpios y dolorosos como el primer día. Lo único que ha cambiado somo nosotros. Aunque tengamos la misma cara, ya no nos reconoceremos. Maquinas obsoletas de piel gris y arrugada y recuerdos duros como el diamante, maquinas condenadas al olvido...	
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<title>Tonos grises en un día soleado de verano</title>
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		<description>Abran paso al gran apostador de caballos! al jugador de poker que perdió en su última partida, apostándolo todo con un farol, al jugador de ajedrez abrumado por acabar de perder la reina y que vio que su sólida partida se ...</description><comments>http://spleen.blogia.com/2007/072001-tonos-grises-en-un-dia-soleado-de-verano.php#comments</comments>
	<pubDate>Fri, 20 Jul 2007 14:33:00 -0500</pubDate>
<category>Amor y otras desgracias</category>
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<content:encoded><![CDATA[	 <font face="Times New Roman" size="3"><span style="font-size: 10pt">Abran paso al gran apostador de caballos! al jugador de poker que perdió en su última partida, apostándolo todo con un farol, al jugador de ajedrez abrumado por acabar de perder la reina y que vio que su sólida partida se desmoronaba ante los rápidos e inteligentes movimientos de su adversario. Tal vez fuesen inteligentes, o simplemente fuese la interpretación de una intuición acertada. </span><span style="font-size: 10pt">Como dejó que se diese esa situación? No lo sabe ni él. La cosa se fue paulatinamente desmoronando. Ahora no podía prescindir del alcohol, de caer rendido hasta dejar de sentir sus huesos. Conformándose con aquello que se dejaba tocar, volviendo a soñar con cielos que nunca podría alcanzar, estirado en una cama cuyas sabanas hacía meses que nadie cambiaba, consumiéndose poco a poco, como la ceniza del cigarrillo que iba cayendo sobre su barriga. No comía, no dormía, se pasaba horas hipnotizado delante del televisor, dejando que sus emisiones fuesen el único calor que lo alcanzaba.</span><span style="font-size: 10pt">Cada día se despertaba con la misma firme intención de reconducir su vida hacia derroteros más agradables, pero al caer el día volvía a encontrarse en la misma situación, buscando en su bolsillo algunas monedas para poder pagarse el siguiente paquete de tabaco. </span><span style="font-size: 10pt">Sus pocas incursiones al exterior consistían básicamente en conseguir provisiones cuando el hambre o el mono se hacían insoportables y para encontrar algún trabajo que le permitiese ese lujo.</span><span style="font-size: 10pt">No tardó en ser perseguido por el banco: su crédito se había cancelado y lo buscaban por moroso, así que fue exiliado a las calles, su día pasaba de bar en bar, sentado delante de un café, una voll damm o cualquier otra bebida a la que consiguiese que le invitasen. A veces conseguía convencer a alguna chica para poder refugiarse en su casa algunos días, hasta que ella se cansara de él y viese que su intención no era otra que esperar a que el tiempo pasase.</span><span style="font-size: 10pt">Una de tantas veces, andando desorientado por calles familiares que no reconocía del todo, el pasado acabó encontrándolo, él lo intentó evitar pero el otro fue más rápido. El pulso se le aceleró, los latidos de su corazón no le permitían escuchar siquiera sus propias palabras, menos aún las del otro. Su vista se nublaba y solo quería escapar: solo escapar. Finalmente pudo librarse de su presencia pero el pulso tardó más de una hora en volver a su sitio. Durante los siguientes días solía rememorar el suceso solo para comprobar como se le erizaban los pelos del brazo y se le ponía la piel de gallina.</span><span style="font-size: 10pt">Le dolía enormemente pensar en ello, su lógica le pedía que desterrase esos pensamientos, pero por muy dolorosos que fuesen, se esforzaba por aferrarse a ellos. Tal vez porque le hacían sentir vivo, tal vez porque fue lo único auténtico que le había pasado en la vida.</span><span style="font-size: 10pt">Abran pues el paso a este hombre, una sombra gris entre tantas sombras grises.</span></font>	
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<title>El Tercer Ojo</title>
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		<description>He tenido dos opciones, dos buenas opciones. Opciones que tan solo necesitaban dedicación, trabajo y credo. El problema es que no he creído en ellas y he optado por una tercera opción, aquella que desafía la lógica ...</description><comments>http://spleen.blogia.com/2007/042001-el-tercer-ojo.php#comments</comments>
	<pubDate>Fri, 20 Apr 2007 07:14:00 -0500</pubDate>
<category>Infernalia</category>
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<content:encoded><![CDATA[	 <img src="http://spleen.blogia.com/upload/20070420071435-bukowski.jpg"  class="center" alt="20070420071435-bukowski.jpg" /><p>He tenido dos opciones, dos buenas opciones. Opciones que tan solo necesitaban dedicación, trabajo y credo. El problema es que no he creído en ellas y he optado por una tercera opción, aquella que desafía la lógica y el bienestar y que tal vez solo sirva para hundirme aún más en este pozo de amargura en que nací. Sin embargo es la que deseo. Le coeur a des raisons que la raison peut pas comprendre. Me esfuerzo por suprimir las razones que me llevan a elegirlo, pero por mucho que me encadene sé que simplemente estoy escondiendo un cadáver en el armario. Sobrevivir... seguir adelante... olvidar... conformarse... Son palabras que repite mi boca y las de los demás. Me veo acabado y deshecho, pero cada vez más cruel y frío, más apto para el mundo y menos para el arte. Por eso me encierro a cal y canto, ambicionando conservar esa astilla que solo desprende veneno. Puedo sacarla, puedo volverme a enfriar, puedo ser lo suficientemente duro para cicatrizarla, pero bajo antiguas heridas siempre hierve la sangre. Ahora se están creando anti cuerpos para poder defender al cuerpo de la infección pero yo quiero conservar ese pus que rezuma en los labios de una herida obscenamente abierta y palpitante. Lo único que me repugna es el dar lástima, el no poder encerrar ese dolor solo para mí y verme rodeado de gente opinando sobre lo mal que me va, sobre lo acabado que estoy, gente que no comprende mis acciones, mis motivos, mi deseo por tomar esa tercera opción que nunca les ha aparecido. Toda la realidad se forma por parámetros bilaterales. Nos han educado para eso, hemos crecido viendo el mundo dividido en dos, y nos han arrebatado la capacidad de ver un tercer camino, ambiguo y peligroso... gris, indeterminado. Suele asustar. Sé lo que es ver el miedo que produce ese camino en los ojos de otra persona, sé lo que es perder el control hasta poder alejarse del cuerpo y rozar la NADA. El único gran dios, la verdad, la respuesta a las preguntas. NADA. Siempre acabo volviendo a ella. En esos momentos en que el sudor frío me recorre la médula espinal y siento como gotas de sudor inundan mi frente, miro mis manos huesudas y sé que puedo llegar a esa frontera perdida, aquella que todos nos prohibirán, y entonces la realidad queda en evidencia frente a la obviedad de esa tercera opción. Me levantaré la mañana siguiente y reiré, reiré porque ya sabía exactamente todo lo que tenía que haber pasado. Sabía que nunca iba a estar satisfecho, sabía todos los errores que debía cometer, sabía exactamente la serie de jugadas que iban a producirse, sabía el dolor que iban a acarrear. En ese mundo sin normas, importa tan poco la realidad. Me ducharé, me vestiré y saldré a pasear, encerrado en mi cuarto, ese de claustrofobicas e inexistentes paredes, la tercera opción que desafía a la norma. Sonreiré sin estar satisfecho y dejaré que el veneno siga fluyendo por mi venas. Me encanta ese veneno. </p><p>Quien quiera entender, que entienda. </p>	
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<title>Slowday</title>
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	<pubDate>Tue, 10 Apr 2007 01:31:00 -0500</pubDate>
<category>Infernalia</category>
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<content:encoded><![CDATA[	 Estoy tumbado en la cama, gritando, dando golpes contra las paredes, sin recibir más respuesta que un débil eco. No sé lo que habrá detrás de esas paredes, y si lo sé prefiero ignorarlo, obcecado en mantenerme en este agujero oscuro y sucio. Me incorporo y sigo chillando en una lengua que deformo lo suficiente para que mi cerebro no pueda interpretarla. Un hilo de vomito se desliza por la comisura de mis labios y sigue descendiendo, mientras partes de su amorfidad se desprenden para salpicar la pared, hasta reunirse con una gran mancha en la camiseta. Dejo fluir mis ánimos para que se confundan entre ellos y se pierdan en su indefinición. Me arranco la camiseta manchada de vomito y babas, me arranco los calzoncillos manchados de semen ya seco, me arranco la piel hasta que el dolor no me deja clavarme más las uñas. No he conseguido arrancarme ningún cacho importante, lo poco de piel que se ha desprendido reside bajo las uñas. Presiono contra mi nueva cicatriz y bajo su costra empieza a salir pus obscenamente amarillento. Doy vueltas en la misma habitación, cada vez más rápido. tengo que salir, tengo que salir. Pero como? Hacía donde? No encuentro la puerta. Palpo las paredes. Nada. Vuelvo a tumbarme en la cama. Hundo la nariz en las sabanas. Huele a mujer, huele a sexo. Me incorporo a cuatro patas sobre la colcha y atrapo con mis dientes la parte más húmeda de esas sabanas, hago que mi lengua saboree cara poro ese tejido, dejando que mi saliva se deslice, lentamente, empapándola aún más. Estoy empalmado. No sé cuanto tiempo permanezco en esa postura, pero sé que no estoy solo. No puedo verles, puedo sentirlos, sus voces son silbidos que se mezclan con mis propias palabras. Llega un punto en que no puedo más y empiezo a vomitar. Es un vomito violento, cuando no queda más sustancia, se dedica a salir liquido, y más liquido. Poco a poco este se va oscureciendo, primero amarillento como el meado, luego se va tiñendo de rojo hasta que acaba negro. Finalmente, me quedo vacío y me desplomo sobre ese liquido, ese que es tan propio que nunca lo reconocemos. Esa mierda debería estar dentro no fuera. Da igual, cuando me levante seré otra persona.  Arqueo mi espalda y retraigo el morro para dejar al descubierto mis dientes. Lucharé hasta el final. La inmundicia está de mi parte, y los fantasmas nunca podrán asimilar el olor a putrefacción de toda la mierda que he sacado de mi interior. Mis ojos brillan como hacía años que no brillaban. He tenido que morir para volver a vivir. Nacemos para morir, vivimos para follar. Ahora puedo verlos, pero solo de forma periférica, lo cual no me impide ver esa mirada fría y muerta desde el otro lado. Hay una mirada fuera de las paredes, es acusadora. Me culpa del daño que me hago? La sangre se mezcla con el pus y la bilis, la comida del día anterior y el semen. Solo necesitaba eso. Grito, grito con todas mis fuerzas. Por fin se callan los fantasmas. ya no oigo ni tan siquiera el roce de sus largos cabellos albinos, ya no siento sus miradas sobre mí. Solo una, terrible y seria, permanece desde el exterior. Me incorporo lentamente, mantengo la mirada, aunque sé perfectamente que mientras permanezca encerrado en esta habitación poco importará. Cuanto daño puede hacer algo que no puedes tocar. Alargo la mano con toda la dulzura con la que puedo cargarla. Escondo los dientes y no puedo evitar que se me salten las lagrimas, a pesar de estar seco. Dejo que poco a poco el brillo vaya desapareciendo y le doy la espalda. Cojo los tejanos manchados que hay por el suelo y busco el tabaco en sus bolsillos y una vez hecho los suelto, salpicando estos al caer. El olor es insoportable. Arrastro una silla hasta el rincón más alejado y allí me siento, con cuidado ya que tengo bastantes heridas que escuecen cuando las apoyo contra el respaldo. Me enciendo un cigarrillo y le doy un par de tragos a una botella medio vacía de vino. Intento pensar. El silencio pesa pero consigo reunir algunos pensamientos perdidos por mi cerebro. Nada cambia, todo es. La mirada sigue ahí, pero consigo darme cuenta de que ni siquiera mira hacía aquí. Le doy un trago más al vino y luego lanzo la botella contra ella. Esta desaparece en el infinito. Este día no acabará nunca. tal vez también desaparezca en el infinito. Consigo ver la puerta, pero estoy demasiado cansado para abrirla. Creo escuchar a alguien que se acerca, se para ante ella y luego se aleja, tal vez asustada por al mal olor que se filtra bajo ella. Luego silencio... un silencio eterno y dulce. Tan dulce y terrible como la muerte. Los fantasmas siguen ahí, silencioso, observando. Atados a mí. No los soltaré. Me quedo dormido. <br />	
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<title>Sigo Vivo</title>
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		<description>Esta mañana desperté en un hospital. El alcohol aún corría por mis venas, no veía claramente y por más que busqué no hubo forma de encontrar mis gafas. Vino un joven con una bata blanca y volvió...</description><comments>http://spleen.blogia.com/2007/040901-sigo-vivo.php#comments</comments>
	<pubDate>Mon,  9 Apr 2007 06:54:00 -0500</pubDate>
<category>Infernalia</category>
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<content:encoded><![CDATA[	 Esta mañana desperté en un hospital. El alcohol aún corría por mis venas, no veía claramente y por más que busqué no hubo forma de encontrar mis gafas. Vino un joven con una bata blanca y volvió a preguntarme si tenía alguna alergia. Me pidió mi DNI y lo saqué con cuidado del bolsillo trasero de mis tejanos. Desapareció tras la cortina y pasaron varios minutos antes de que volviese. Antes entró una enfermera y me dijo que las personas que habían venido se habían marchado hacía media hora, cosa curiosa porque recordaba haber llegado en una ambulancia. No lo había visto, pero la había oído, y esos son los únicos recuerdos que pude procesar anoche. Volvió a entrar el joven y me animó a ir al baño, cosa que hice a gusto por mucho que me costase incorporarme y caminar en linea recta hasta la puerta de los servicios. Él se quedó en la puerta mientras yo meaba y me lavaba la cara. Necesitaba el agua fresca de ese grifo gastado, necesitaba pasármela por la cara para poder ver si reconocía ese rostro difuso al otro lado del espejo. Me agarré con fuerza a la pica y mantuve la mirada hasta que, abriendo la puerta, me preguntaron si ya estaba. Volví hasta mi cama pero esta vez me senté en una silla que había al lado de la mesita donde se encontraba mi chaqueta y mi carnet de identidad. Ahora fue un hombre de edad el que abrió la cortina, equipado con su bata blanca. Reiteró en el empeño general para saber si tenía algún tipo de alergia y yo simplemente le dije que tenía reacciones alérgicas cutáneas debido al estrés, cosa que remediaba, dependiendo de las temporadas, con Antarax. Se fue, dejando esta vez la cortina descorrida, y pocos minutos más tarde volvía el joven para indicarme la salida. Lentamente, me incorporé, guardé mi DNI, me puse mi arrugada chaqueta y pregunté por mis gafas. No sabía nada. Me acompañó unos sorprendentes pocos pasos hasta la salida, me señaló la estatua de colón y me dejó ir, haciendo eses. Era una soleada mañana... un domingo por la mañana, cuanto hacía que no me paseaba un domingo por la mañana? Me puse las gafas de sol que encontré en el bolsillo de la chaqueta y me tambaleé como pude hacia la estatua de Colón. No sabía donde estaba, pero aún así seguí caminando. Y seguí caminando una vez encontré las Ramblas, y las subí a pié, en silencio, buscando en mis bolsillos el tabaco. No encontraba el paquete de Winston, así que me conformé con abrir el de Pal Mall que tenía por abrir. tampoco encontré mi mechero bic así que paré en un kiosko para comprarlo. 1 euro. No había ni un alma en la calle, y pocos transeúntes me encontré por el camino... ni tan siquiera tenía que pararme en los semáforos. Donde estaba todo el mundo? No me importaba. Caminaba haciendo eses, con mis gafas de sol azules y sin graduar, con una coleta mal hecha, sin afeitar, con un cigarrillo colgando de los labios, la camiseta manchada del vomito de anoche y una larga chaqueta negra de cuero completamente arrugada. Me miré a las manos, cuando ya estaba a la altura de Aragón con Urgel, intentando localizar un pinchazo en alguno de mis dedos, uno de los pocos recuerdos de ayer noche, cuando me tumbaron en la cama, también recuerdo que me pusieron una pinza en otro dedo y me colocaron un manguito en el biceps de esos que se utilizan para medir la tensión. Finalmente localicé un casi imperceptible punto rojo en el dedo índice de mi mano izquierda, que fue en la misma en que me colocaron la pinza. Traté, en lo que me quedaba de camino, de reconstruir los acontecimientos, aunque nunca se me han dado bien los puzzles y contando que la única herramienta sensorial que me funcionaba en aquella situación era el oído. Recordé que a las once estaba en mi casa, tumbado en el sofá, escuchando a los Nine Inch Nails, con un vaso de leche relleno de tequila y con un purito café crème. Luego me calcé y salí de casa... el resto se volvió borroso. El primer bar, el segundo bar, cervezas, copas, más cervezas, más copas, el estomago vacío... Todo estaba preparado para que, cuando me encontraba en la calle, rodeado de gente a la que solo podía identificar por las voces, sin ponerse de acuerdo sobre tumbarme o dejarme con la cabeza erguida, pensase que ya había tocado fondo. Más o menos me hice una idea sobre lo que pasó y cuando subí en el ascensor y me deshice la coleta, me dí cuenta de que la goma que utilizaba para sujetar el pelo no era mía. Tendría que preguntarle a alguien que es lo que pasó realmente, pero mientras, me eché en el sofá y me dormí deseando que todo hubiese sido un mal sueño.	
]]></content:encoded>
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<title>Capitulo 7</title>
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	<pubDate>Wed,  4 Apr 2007 04:28:00 -0500</pubDate>
<category>Relato/s</category>
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<content:encoded><![CDATA[	 <p>"Dime que me quieres" Solo necesité eso. Acaba de despertarme en su habitación, como tantas mañanas desde hacía dos meses. El sol de un domingo a mediodía se filtraba entre las persianas obligándome a entrecerrar los ojos. Respondí, como de costumbre, con el silencio. Ella sonreía como la primera vez que nos vimos mientras clavaba sus ojos en mi cara desencajada y enrollaba el pelo de mi pecho en el índice de su mano izquierda. No era un bellezón, pero tampoco era fea. Había algo en su cara que oscilaba entre la tristeza y la alegría dependiendo del ángulo desde el que se la mirase. Desde el mío, en ese momento, solo se podía apreciar alegría. Cuando sonreía de esa manera sus dientes emergían con fuerza en un dulce contraste con su piel oscura. Todo en ella era dulzura. Sus gestos pausados y seguros, su voz suave y aterciopelada, su mirada inocente... incluso el tacto de sus grandes pechos era dulce. Me dejaba llevar. Ella envolvía mi cuerpo inerte con caricias y besos. </p><p>Pero tuvo que volver a pedirme lo mismo, por enésima vez. Yo había tenido una mala noche. Lo suficientemente mala como para no soportar exigencias. No me gustaba que me exigiesen mentir. Desde que la había conocido siempre le había dicho lo que quería oír, pero nunca le había dicho algo tan fundamental y sencillo como lo mínimo que se exige a alguien a quién has dado tu amor. No la quería, la necesitaba, pero no la quería. Era un mendigo de amor y ella me había alimentado con todo el suyo. Había sido como una bendición en un momento en que todas las salidas me quedaban vedadas. </p><p>Me incorporé en silencio sobre la cama. Ella, intrigada, se irguió silenciosamente a mi lado. Yo miraba hacía ese infinito que tantas veces en mi vida me lo había hecho perder todo y ella intentaba inútilmente llamar mi atención clavándome la mirada en la misma mejilla donde momentos después colocó su mano. Así permanecimos lo que para algunos es un minuto y para otros una eternidad; esos momentos perdidos en el limbo que carecen de las reglas temporales que rigen nuestras vidas. Finalmente aparté su mano y escudriñé el suelo buscando mis calzoncillos.  Una vez localizados me alcé para alcanzarlos y vestirlos mientras ella, con los ojos vidriosos, hacía mil y una preguntas. </p><p>No recuerdo cual de ellas fue la que me hizo estallar. Creo que ni siquiera se trataba de una pregunta en concreto sino de un ruido chirriante que mi mente interpretaba insoportable. Empecé a explicarle lo que me pasaba, o al menos eso creía hasta que me dí cuenta de que simplemente le estaba chillando. No quería que las cosas fuesen así y mi forma de expresarlo fueron las lágrimas. Ella salió de la habitación dando un portazo tras de sí y yo permanecí en silencio, escuchando como me insultaba entre sollozos desde el baño, a solo una pared de distancia. Me gritó todo lo que merecía que me gritase y cuando calló lancé mi puño contra la pared, con todas mis fuerzas, impulsado por una fuerza que solo nace en nuestro estomago y que permanece caliente aún cuándo mil dardos de fría electricidad penetran en los nudillos, alargándose por el brazo, dirección al hombro, cebándose especialmente en aquellos organismos que segregan lágrimas y gritos. Nunca he sido demasiado fuerte así que el boquete de la pared de yeso no fue demasiado espectacular pero si lo suficiente ruidoso como para sólo alcanzar a oír ese sonido tan particular y desagradable que produce la nariz al absorber los mocos filtrarse por la pared.</p><p>Mis nudillos estaban ardiendo, casi tanto como mi estómago. No sangraban pero estaban rojos y producían un insoportable dolor cuándo intentaba forzar los dedos para intentar recoger el resto de mi ropa de el suelo de su habitación. Cuando tuve todo en mis brazos me dirigí hacia el salón y al dar dos pasos sentí como se adhería a mi pie algo pegajoso que acababa de pisar. Seguí el camino con aquello pegado al pie hasta llegar al sillón del salón, donde dejé todas mis cosas. Entré en el cuarto de baño y la vi sentada en el suelo, al lado del retrete, desnuda, con la cabeza escondida entre sus brazos. La cogí por los antebrazos haciendo ademán de levantarla pero ella se resistía. En aquel momento no disponía de demasiada paciencia así que tiré con fuerza hacia arriba a pesar del dolor en mi mano. Apenas alcancé a elevarla unos centímetros del suelo y su culo volvió a entrar en contacto con las frías marquesinas azules. Tiré otra vez, con más fuerza, tanta que al empotrarla contra la pared tuve que soltarle de un brazo.</p><p>Lloraba, su cara estaba desencajada. Nunca había podido ver esa expresión. Es una de esas expresiones que adapta la cara y que solo deja verse en ocasiones muy especiales. Igual que un orgasmo, esta era una ocasión especial. "Porqué me haces esto?" Repetía una y otra vez, dejando salir las palabras a través de una cortina de mocos y babas. Agarré su cabeza con mis manos y ella se puso histérica. Empezó a darme patadas, a arañarme y golpearme en el pecho, pero a pesar de no er demasiado fuerte, si que lo era más que ella. Acerqué mi cara a la suya y le dí un beso en la frente, luego la solté, me dí la vuelta y salí por donde había entrado.</p><p>Ella seguía de pié, desnuda, apoyado contra la pared del cuarto de baño, al principio permaneció en silencio y luego empezó a insultarme, cada vez con la voz más alta y aguda. El insulto que más repitió fue "hijo de puta". Cogí mis cosas y salí del apartamento, cerrando con cuidado la puerta detrás mío. Bajé por las escaleras hasta llegar al cuarto piso. No se oía un alma. Apoyé mis cosas en los escalones de mármol y empecé a vestirme. Ahí me dí cuenta de dos cosas, una es que me había dejado un calcetín y la otra es que llevaba pegado un condón en la planta del pie. Me puse la bota encima del pie desnudo, lancé el condón por el hueco de la escalera y seguí bajando hasta alcanzarlo.</p><p>No había nadie en la calle. Tal y como ocurre todos los años, en semana santa la gente huye de la ciudad, cosa que aproveché para disfrutar del sol y bajarme hasta el puerto. Me crucé con una fuente y aproveché para lavarme la cara y las manos. La mano derecha empezó a escocerme y me dí cuenta de que tenía un par de cortes a la altura de los nudillos. Nada espectacular, simplemente molesto.  </p><p>Una vez llegado al puerto tuve que encontrar un banco lo suficientemente alejado de los dos ocupados por vagabundos ya que el olor a amoniaco no me dejaría seguir con mi propósito. Este no era otro que sacarme una bota y dejar que mi magullado pie descalzo tomase el aire y se recuperase de los roces del cuero y cerrar los ojos mientras el olor salado del mediterráneo penetraba en mis pulmones. Sólo mis gafas de sol me diferenciaban de los ahora cuatro vagabundos que dormían en los otros bancos. </p><p>No sé durante cuánto tiempo me sumí en los dominios de Morfeo ya que al despertar pude constatar que no llevaba reloj. Me lo había dejado en aquella hortera mesita de noche, al lado de un despertador con la cara de Marilyn Monroe que pertenecía al sujeto de mis sueños. Había soñado con ella, son su sonrisa, con sus lágrimas. Ella estaba desnuda, preciosa, apetecible, pero por encima de todo, estaba triste. Su tristeza borraba cualquier vestigio sexual de sus atributos. Lloraba en un plano incierto. Ni siquiera podía asegurar que se tratase de ella.</p><p>Me encendí un cigarrillo y dejé que mi mirada se perdiese en el horizonte. Había sido cruel, había sido despreciable; ella no merecía lo que le había pasado. Solo cometió un error: quererme. Cuándo vi que el cigarrillo estaba a punto de extinguirse alcé rápidamente el borde de mi camiseta y lo hundí en la carne de mi barriga. Apreté los dientes y me saltó una lágrima mientras retorcía la colilla y la hundía con toda la fuerza de la que era capaz mi mano izquierda y mi voluntad. Cuando empecé a sentir el olor a pelo quemado dejé de apretar y lancé a lo lejos, dirección al mar, los restos de mi herramienta. Esbocé una sonrisa al recordar la cara que puso ella cuándo vió las marcas que lucía bajo la camiseta. No pude evitar que esa sonrisa se convirtiese en una ruidosa carcajada. Me sentía muy bien, a pesar de que lo siguiente que hice fue llevarme a los dedos a los dientes y comprobar lo peligrosamente que bailaba uno de ellos en su prisión de carne. Todos estamos atrapados por la carne. </p><p>Lo único que pensé al levantarme fue que tenía ganas de darme una ducha. <br /></p>	
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<title>Mundo Feliz</title>
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		<description>La belleza está sobre valorada, de igual forma que la felicidad o la vida misma. Somos la mayor casualidad, condenados a no entender que nuestro único dios es el azar. Entre la mierda nos organizamos, creamos nuestras barreras, flagelan...</description><comments>http://spleen.blogia.com/2007/040301-mundo-feliz.php#comments</comments>
	<pubDate>Tue,  3 Apr 2007 20:25:00 -0500</pubDate>
<category>Infernalia</category>
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<content:encoded><![CDATA[	 <p>La belleza está sobre valorada, de igual forma que la felicidad o la vida misma. Somos la mayor casualidad, condenados a no entender que nuestro único dios es el azar. Entre la mierda nos organizamos, creamos nuestras barreras, flagelando una naturaleza que no acabamos de entender del todo, buscando nadie sabe bien el qué. Pero la gente se cansa de buscar, tal vez negando el único instinto puramente exclusivo de nuestra especie: la curiosidad. Es curioso lo mal montados que estamos, para que dos instintos actúen de forma tan contradictoria. Resulta que el aguante del ser humano no soporta la curiosidad infinita que comporta nuestra existencia, por lo tanto seguir ese camino lleva a enfrentarse contra el instinto de supervivencia puramente animal. Somos extremos, arriesgamos, jugamos con las normas. Sin embargo, hay un momento en que todos deben decidir entre los instintos por los que regir su vida y por lo tanto construir alrededor de ellos un sistema que lo permita adaptar a su realidad social, dicho sea de paso, esta está creada sobre los sistemas mayoritarios. Primera falacia democrática. Y la mayoría es la que decide como tiene que vivir la totalidad. Para ello crearon su moral, y vivir al margen de la moralidad, de los principios, de las bases de ese camino hacen que los del otro sufran rechazo. Porque es imposible que ambos caminos puedan convivir. Es más fácil guiarse por el más antiguo y tradicional instinto de supervivencia, acomodarse a un sistema de estancamiento intelectual. Pero los seres humanos necesitamos esos sistemas, por lo tanto en el otro camino deben crearse igual, adaptándolos a la base sociologica de la totalidad. Por muy solitario que se sea, el lobo necesita al lobo y por ello su sistema, el que también ha servido de base para generar el pensamiento que le permita la huida, contiene los mismos fallos que los del otro camino. Como una justificación interna que no deja de ser otra mentira para poder soportar lo insoportable, aunque tan sucia como la de la felicidad, y mayor en mezquindad debido a la propia consciencia de la artimaña empleada. Como animales sociales que somos, lo normal sería que aunque en minoría, los disidentes se juntasen, pero su disidencia se basa en una naturaleza individualista tan fuerte que les impide formar grandes grupos. Tal vez encontrarse entre unos pocos, compartir ciertos aspectos de sus vidas pero siempre condenados a abandonar su camino juntos o seguir su camino en soledad. La falta de fuerza que tiene el individualismo frente a un colectivismo rabioso y consciente de su poder le permite doblegar fácilmente cualquier disidencia. Sus valores, su moral, sus cánones de belleza, sus leyes, sus normas, su camino. Cuando no existe dualidad, el camino es muy fácil, pero los disidentes se ven obligados a caminar por dos caminos, deben estar pendientes de la realidad social impuesta y al mismo tiempo atender a su necesidad básica, ocultándola de la mayoría por poder resultar una aberración a sus ojos. Dicen que hay que ser un gran jugador para poder convivir con esa doble vida, pero esto no se elige, no lo elige la gente que tiene capacidad o preparación para soportarlo, sino que te toca. Y cuesta mucho poder compartirlo con alguien más. Afortunadamente, si la fortuna le sonríe a uno, se puede contar con otra gente en la misma situación que ayuda a superar ciertos momentos de duda, gente que entiende cada uno de los pensamientos nacen del no saber sobre la corrección de los pensamientos. No se trata de gente que posea la verdad absoluta, sino que permite eliminar la idea de soledad, patente en esos dolorosos primeros pasos. Pero su naturaleza individualista hace que tampoco su viaje se detenga para ayudar por mucho tiempo al nouveau né, si este último no es lo suficiente hábil, pronto se queda atrás. Pero por muy hábil que se sea, la turbulencia entre las dos vidas, siempre suele acabar alejando a unos de otros. Tal vez también se podría añadir que estos acaban aprendiendo a construir máscaras para defenderse de los supervivientes, la mayoría desatada que busca a los cabezas de turco para justificar los errores de aquellos principios que ya construyeron mal desde el principio, pero se acostumbran tanto a llevar máscaras que muchas veces olvidan sacárselas entre ellos, por eso muchas veces no se reconocen, o caen en equívocos, tendiendo pues al mayor distanciamiento y a la desconfianza. </p><p>Puede que esto no sea más que una justificación para hacer soportable una forma de ser. Otro sistema u engaño. En todo caso, el hecho que no sea del todo convencional hace que merezca mínimamente la pena.</p>	
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<title>Por fín, ese momento tan esperado</title>
	<link>http://spleen.blogia.com/2007/040202-por-fin-ese-momento-tan-esperado.php</link>
		<description>Diosss. Qué gusto. Ya había olvidado a qué sabía el el dolor! Me encantan las ampollas, reventarlas y ver como el liquido amarillo se desliza sobre la piel blanca, pura, inocente... Fuimos los deseos de alguien, nacimos co...</description><comments>http://spleen.blogia.com/2007/040202-por-fin-ese-momento-tan-esperado.php#comments</comments>
	<pubDate>Mon,  2 Apr 2007 13:52:00 -0500</pubDate>
<category>Infernalia</category>
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<content:encoded><![CDATA[	 <img src="http://spleen.blogia.com/upload/20070403203430-loup-garou.jpg"  class="right" alt="20070403203430-loup-garou.jpg" /><p>Diosss. Qué gusto. Ya había olvidado a qué sabía el el dolor! Me encantan las ampollas, reventarlas y ver como el liquido amarillo se desliza sobre la piel blanca, pura, inocente... Fuimos los deseos de alguien, nacimos con el cariño o el odio de ser o no ser deseados, pero aquí estamos. Vuelvo al altar en el templo de la carne, aquel que siempre acabo por coronar. Soy non grato y bienvenido. Qué haría yo sin esta violencia? Qué haría si no volviese a sentir el férreo sabor de la sangre en la boca? La destrucción del cuerpo y del alma, la sublimación del arte en todos sus sentidos. Sexo y muerte, lo básico, lo podrido, lo olvidado. Qué emoción, volverlo a sentir después de tanto tiempo dormido. Volver a golpear las paredes con los puños sin soltar más lágrimas que las que producen esos pinchazos de dolor tan placenteros. Eso es, llorar de puro placer. Cada vez más oscuro. No es una maldición, es un don, tal vez la única virtud real con la que podamos nacer. Aceptar la propia oscuridad y dedicarse a destruir al prójimo, porque este no merece un destino mejor. Y volver a reír, y que resuenen las carcajadas. Las carcajadas de la locura, las carcajadas de la cordura, las carcajadas de un mundo donde no hay arriba ni abajo. No hay tiempo para recrearse en el sentido de una vida sinsentido. Disfrutar, disfrutar del placer, de la desdicha, de la miseria. Agradecer porque a los demás les pasen cosas horribles, porque en el fondo deseo que sea a ellos a quienes les pase en vez de a mí. Regodearme en mi egoísmo, alzarme como monumento de todo lo odioso, todos los tabús, lo incorrecto, lo recriminable, lo punible. La verdad no está en el lado bueno o el lado malo: la verdad está saliendo del camino de la seguridad, del camino que toman los demás. Correcto o incorrecto, solo el hecho de salir ya te dará ventaja. Siete trompetas para un apocalipsis, y siete dedos tendré cuando me corte uno. Las matemáticas son moldeables, no son reales y nadie lo ve, porque desafiar a la lógica máxima restaría de sentido todas y cada una de nuestras acciones. Las tripas, ahí está todo, la base para seguir con vida, actuar por impulsos, ser un indeseable, coger lo que es mio, lo que siento mio y dañarlo todo lo posible. Causar ese dolor para poder compartirlo. Ohhhh. Y luego ver su cara cuándo lo descubra. Ser un lobo, un lobo de verdad, de los que muerden hasta matar a la presa. Estaba dormida la bestia, mordía y le aterraba comer, pero vuelve a despertar. No puedo ni tan siquiera d, escribir estas sensaciones que creía largo olvidadas. Dos años de letargo, sedado por la pura auto condescendencia. Pero ahí están de nuevo, preparados para salir. Nunca elegimos el momento, abrimos las puertas con la llave de la carne, sale del pus, del semen. Sale de nuestros ojos, donde antes brillaba la luz. Cuando todo se queda vacío, entonces, y solo entonces, podemos volver a ser nosotros mismos, nuestro yo real, sin máscaras, sin ataduras. Capaces de todo el daño del mundo, capaces de ser repudiados por todas las manadas. tengo la piel de gallina, tengo sangre seca en los labios, tengo una ampolla a punto de reventar. Sus pinchazos ya duran demasiado. Presiono con la lengua sobre ella hasta que revienta y lamo todo el liquido que sale de ella. Asqueroso. Me encanta. HH estaban dormidos, nunca supieron ver el alcance de su don. Demasiada quietud, demasiado silencio, solo el goteo de la sangre, como el agua de un grifo mal cerrado. Y ahí nace: heridas mal cerradas, porque somos abortos nunca destinados a vivir estas vidas, demasiado conscientes como para poder apreciarlas, demasiado temerosos como para poder quererlas. Pero siempre que quede sangre, ahí seguiremos. No depende del sexo, no depende de la edad: he visto esa mirada en varones de 84 años, en  mujeres de 30, en niños de 18. está ahí, el estigma de Caín, el secreto inconfesable, la podredumbre de esas almas. Ese reverso tenebroso, más despreciable que la doble vida de un pederasta, más asqueroso que verle la polla a un travesti. Los monstruos son las pesadillas de nuestro tiempo y algunos hemos tenido tantas pesadillas que nos erguiremos como los mayores monstruos. No tan románticos como Annibal Lecter, no tan estéticos como Lestat, no tan atractivos como Drácula. Pero si más incómodos por el simple hecho de no reunir esas características que hacen tan atractivo ese lado oscuro, porque cuando vives tan abajo, los valores de la superficie dejan de tener sentido. Primero se miran con curiosidad, y se convive con ellos, hay quién se adapta a ellos de por vida, pero siempre lo reconocerás por la mirada, verás que se quedó vacío, que nunca estuvo hecho para llevar la vida que pretende llevar. Dejó que se le acercasen personas, y llegó a quererlas, pero las maltrató y siempre supo que era diferente, llegando a confundir esa diferencia con la superioridad. Trece golpes, trece es el doble de siete. 13x2=21 Tan simple como eso. Ni siquiera es un grupo cohesionado, son personas dispersas por el mundo, que llegan incluso a odiarse unas a otras, errando como fantasmas. Aunque la mayor parte de las veces ellos no lo sepan. Antes creía que poseían un brillo especial, pero descubrí que ese brillo no depende de la bestia. Aprieto el dedo en la llaga hsata que me saltan las lagrimas y no puedo evitar reírme. Es tan ridículo, la vida es tan ridícula. Disfruto con esto,si. Disfruto muchísimo. Vamos a acabar con la cultura, con la bella, con la corrección, con la moral, con la historia, con la vida, con el planeta. Nos programan para ser aceptados socialmente, pero siempre podremos contar con unos pocos espíritus, libres, vapuleados, odiados, y siempre con la sonrisa en la boca, aguantando hasta el final, hasta que sus cabezas se divorciaron del resto de sus cuerpos. Porque aprendieron a vivir con sangre, aprendieron a disfrutar con ella y su final estuvo escrito con ella. Pero esa sensación el la boca del estómago, esa misma sensación que despierta con violencia, no la cambiarían por nada del mundo. Igual que yo no la cambiaré. Tal vez la única cosa realmente auténtica que pueda sentirse en este mundo para zombis. Si. Soy egoísta, soy un desperdicio, soy violento, ruin, mezquino, mentiroso, deleznable, hipocrita, voluble, cobarde, pervertido, masoquista, sádico, rastrero, grotesco... y me encanta. Este es mi mundo, soy así y me parece que no lo voy a cambiar por nada en este mundo. </p><p>La vida está sobrevalorada. </p>	
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