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04/03/2007
El día en que dejé de ser yo mismo
Cuando creía que sabía leer mis errores, vuelvo a cometer el mismo que ha marcado mis carnes. Algo me dice que no siga por ese camino, porque ya sé exactamente donde lleva: sé que es una batalla perdida, sé que si intento librarla perderé, y también sé que por el mismo camino, si permanezco en silencio, en mi interior algo volverá a morir... como siempre. Solo dos opciones, y las dos funestas por igual. Sin embargo ese es el camino que he tomado.
Evidentemente, acabo de confirmar que fue un error plantearlo siquiera. Terminé justo donde sabía que acabaría, con un diferencia respecto al pasado: me he rendido. Creo que hay algo en mí que ya no ha podido más, algo agonizante que ha terminado por morir, el sonido de algo roto, he estirado tanto el hilo que al final se ha desgarrado. Por primera vez en mi vida me estoy planteando tirar la toalla, estoy poniendo en duda el camino que me ha costado más de diez años labrar. Y si los demás tienen razón y yo soy el que se equivoca?Todo esto no lo provoca una reciente derrota, creo (o al menos espero, anhelo y deseo) que se trata de varias situaciones que se han ido acumulando, y que finalmente me han ahogado. Es el punto que sabía que llegaría, aunque nunca supe determinar exactamente cuándo. Estoy un poco decepcionado, creía que aguantaría más, pero queda claro que el mundo no me va a esperar, la vida sigue su curso, y para poder seguir en el camino hay que cambiar de botas. Ser como el resto, dejar de pensar, dejar de leer, dejar de soñar. Necesito empezar a vivir y para ello solo veo una salida posible: dejar de ser yo mismo. Stig Dagerman volvió a mi mente, de forma casual, pero qué momento más acertado para volver, para recordarme que hay caminos que no tienen salida. De eso mismo se trata: sé exactamente que cualquier camino que escoja se va a ver truncado, lo sé antes de empezar a caminar, y sin embargo lo hago. Pero me he cansado, me he cansado de caer, por eso he decidido sabotearme: me he dado cuenta de que no sirve de nada perseverar cuando el muro es infranqueable. Por eso el lobo deja de vagar, deja de luchar y se deja cazar, domesticar. Da rabia tener que darle la razón a todo el mundo, todos aquellos que, expectantes, esperaban ver como no me volvería a levantar. se trata de eso mismo, el aletear de una mariposa me ha noqueado, y en vez de levantarme, me quedo tumbado en el suelo, mirando al techo, contando las grietas, esperando que cuando mire a mi alrededor la realidad se haya evaporado, que el pasado forme parte de un simple mal sueño. Hoy vi a un chica que cuando dejó de sonreír se convirtió a un vieja, aproveché para ver mi propio reflejo y este me desafió con una cara de poker que no reflejaba para nada todo lo que bulle en mi interior. Se trata de una coraza que puedo transformar en máscara, y tal vez con el tiempo, aquel yo que encerré bajo siete llaves deje de existir para que sea la máscara quien defina quién soy yo. Sé que puedo hacerlo, tal es mi seguridad en ese aspecto que me aterra poder llegar a tomar la decisión que me dispongo a tomar. No será hoy, ni tal vez mañana, pero poco a poco, la única forma de sobrevivir en la estepa.
Si no estamos, dejamos de ser yo, si nos convertimos en otro, también dejamos de ser yo. Estoy condenado a que llegue un día en que deje de ser yo, es la única solución posible, la única salida de un laberinto que cada vez se hace más y más insoportable.
27/03/2007
Segundo Acto
No consigo dormir. Mis parpados se caen pero mi cerebro no deja de dar vueltas. Como en esos momentos en que sientes la mirada de los fantásmas clavadas en la nuca, aunque sepas que si te giras tan solo verás una cortina de humo. Realmente existitó Euridice? Bonita burla que te haces a tí mismo. El pensamiento en cuestión tiene que ver con una partida de ajedrez, una partida que sé como ganar pero que no pretendo ganar, porque en este mundo las cosas sencillas son las más complicadas y algunos estamos condenados a complicarnos la vida. Los movimientos están claros, sé que decir, sé qué hacer, sé en qué momento hacerlo: solo tengo que mover las piezas con decisión. Sin embargo... eso me conduciría a la victoria, y no es lo que quiero. No quiero ver las cosas como una partida, no quiero ganar con movimientos estudiados, quiero poder soltarme al vacío, sentir ese mismo vacío en la boca del estómago, sentir a mi alma escapar a través de mi boca, mientras mi cuerpo se pudre, poco a poco, gris y triste, con la barba mal afeitada, la mirada perdida y un pitillo con dos dedos de ceniza colgándo descuidadamente de la comisura de los labios. Donde está la vida? Acaso es vida la suceción de acontecimientos que pueden planearse, organizarse y prevenirse como las jugadas de una partida? Si sé como ganar, también sé donde llegará esa victoria, porque incluso después de jugar la partida esta te acompaña, los movimientos de las piezas son esos acontecimientos anodinos y previsibles, palpables como un mueble viejo carcomido por las termitas, en el que al apoyarte descubrirás, si la caída no es lo suficientemente dolorosa, que lo estabas haciéndo en un pedazo de tronco bien decorado, pero hueco y sin vida. La gente se apoya en esos muebles: son su alimento, su sustento. Cuando un beso te sabe a cartón te das cuenta de que ese no es el camino que va a llenarte, que ese resultado por el que has estado jugándo no es tu objetivo. Se trata de algo que se encuentra más allá, algo lejano y remoto, perdido dentro de uno mismo, algo que se escape a la rigidez de las normas del juego, inocente... No, perdón, inocente no, ya que suele ser muy oscuro la mayor parte de las veces, y traer consigo la desdicha y el sufrimiento. Pero es auténtico, y eso es lo que le hace valer la pena. Cuándo lo ves no te importa que Euridice en realidad viva perdida en tus neuronas, no importa porque es la llave que te hace avanzar otro paso más en el camino. Por eso he decidido jugar en mi contra, porque cuando lo encuentras no puedes permitirte arreuinarlo, convertir su vida en cartón, hacer que forme parte de esa partida mundana y previsible que ya juegas a diario y que te mata poco a poco. No creo que tire la toalla después de todo, al menos no tan pronto. No debería pensar en hacerlo cuando estas cosas se complican porque, al fin y al cabo, son lo que hacen de la vida algo por lo que mantenerse vivo, son las que hacen que te sientas vivo, aunque sea a base de dolor... un dolor amargo, muy amargo, tal vez el mayor que nunca se pueda sentir con el cerebro, pero es lo único que hace que te olvides de las partidas, es el que te muestra cual es la vida que brilla tras este mundo que se empeñan en hacernos ver como real. Es muy tarde para ello, y tal vez nunca sirva de nada, pero voy a hacer esos movimientos que debí hacer en su momento, en vez de dinamitarme el camino:"Si, hay que seguir adelante, porque todos los fantásmas en el fondo no hacen más que vivir con nosotros, y lo seguirán haciéndo mientras los alimentemos. No hablo de olvidarlos, sino simplemente no dejarles hacerse demasiado fuertes; al menos no lo suficiente como para que sean ellos los que tomen las riendas de nuestras vidas. Está todo en nuestro interior y somos lo bastánte fuertes como para que se amolden a nuestra vida. Pero siempre va bien sentir sus miradas, porque nos recuerdan quienes somos, y hay algunos de nosotros que por mucho que nos esforcemos en acallar sus voces, siempre sentiremos sus miradas clavas a nuestras espaldas. No es facil, pero también alegrate de poseer la sensibilidad como para mantener vivos todos estos sentimientos durante tánto tiempo, porque aunque duelan, te recuerdan que sigues viva, y no solo eso, sino que eres un ser sensible y especial. Sé fuerte, y sigue hacía delante, aunque el camino esté oscuro, siempre habrá alguien en quién puedas apoyarte." Y no lo dije por temor a Euridice, por temor a que fuese un buen movimiento a mi favor... El temor que siento al ver tanto brillo de repente, como hacía tiempo que no veía en nadie, porque me atrae como la luz a un insecto, y porque sé que tal y como soy, la posibilidad de estropearlo puede ser muy alta, lo suficiente para ser precavido, para no querer jugar, para no querer ensuciarla con la supuesta realidad...

