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02/04/2007
Arráncate la sonrisa de la cara, por favor
El eterno retorno, decía Niestzche, en que la levedad de las acciones era proporcional a la reiteración de estas. Podría decirse que poco a poco, a medida que pasa el tiempo, las mimas sensaciones que provocaban algo, dejan de emitir el mismo fulgor, así como las rayas de un árbol dejan de tener importancia a medida que engrosan y que nos vamos haciendo de piedra a medida que aprendemos a ser fuertes. Es frustrante saber que a medida que vuelvo a caer otra vez en el mismo punto poco a poco esos sentimientos serán tan leves que cuando pueda disfrutar de otras cosas no podré sentirlo de la misma manera. Cada vez la caída es menos violenta, pero si más oscura. Más oscura en el sentido de la consciencia de la levedad. En esos casos, solo tengo dos enemigos: yo y la gente en quién confio. Tal vez estos últimos estén consiguiendo que desarrolle una profunda desconfianza hacia todo, y en especial hacia mi, y hacen que sienta odio hacia ellos. Odio porque en vez de decir la verdad me dicen lo que quiero escuchar, me dicen todo lo bueno que creen ver en mi en vez de intentar descubrir que no vale la pena, y que animarme hará que me atreva a lanzarme sin miedo, y a hacerme daño, reiterándose la situación mil y una veces, hasta que deje de confiar en ellos. Ahora da igual: otra marca más escrita en fuego, al lado de las otras. Hoy es algo porque todavía duele, porque aún siento sus pinchazos, pero dentro de pocos días, solo la recordaré por la molestia de la cicatrización, y dentro de unos meses la habré olvidado, junto al resto de marcas, fría, carente de identidad, de recuerdo, de sentimientos. Y es que solo así se puede salir adelante, solo negando lo que las cosas significan, porque intentar recordarlas solo lleva por un camino al que es preferible no asomarse porque ya sé donde conduce. Entonces seguiré odiando más a esa gente que seguirá insistiendo en que siga luchando, porque ya sé a donde llevará una nueva lucha. Ya lo dije hace un tiempo: porqué no tirar la toalla? Porqué condenarme a seguir repitiendo los mismos pasos? A seguir jugando en mi contra? Tal vez porque me gusta lo que hay ahí dentro. No aquello que está podrido, sino aquello por lo que me levanto cada mañana, ese deseo de sentir y exprimir esos mismos sentidos hasta el tuetano. Algo que la gente ha aprendido a suprimir de su interior, de tal forma que encuentras a muy pocas personas donde poder percibir ese brillo, algo tan especial, que los hace diferentes de otras personas. Ahí es donde puedo hacer sintesis de mi teoría. Antes creía que la gente que tenía ese brillo caminaba por un camino paralelo al resto, y me ha costado aprender que ese brillo es innato y no afecta para nada en las decisiones de las personas. Eso dificulta más la tarea de acercarse. Pero no nos vayamos por las ramas. Ante todo me gustaría dedicar unas palabras a mis padres, a todos a los que he llamado amigos y a gente simpática que he conocido en mi vida, a toda la gente que me ha apoyado, que me ha enseñado, que ha estado a mi lado, que me ha querido: IROS TODOS A LA MIERDA. Habeis visto lo que no existe, y lo que es peor: me lo habeís hecho ver a mí también y eso es algo que no os perdonaré nunca. Cuanto antes se acepte la propia naturaleza, menos vulnerables seremos a nuestro entorno, y si he sido vulnerable ha sido por mi culpa, pero en gran parte también vuestra. Para mí ya tengo mis propias palabras, me he estado echando la culpa de todo lo que me pasa, y de todo lo que les pasa a los demás, siempre he aguantado estoicamente, siempre he soportado, pero llega un punto en que no puedo tampoco aguantar todo el peso bajo los hombros: siempre me encuentro sucio y os veo a todos demasiado limpios. Me he tragado marrones que no me importan y que muchisimas veces ni tan siquiera he merecido, he aguantado los problemas de otros y dejado de prestar atención a los mios propios. Y el resultado es este: sentirme siempre mal. Es invariable. Estoy cansado de arrepentirme por creer en mí, estoy cansado de que me digan que debo seguir haciéndolo. Luego me veo obligado a generar engaños para aguantar los resultados de batallas que nunca he tenido la capacidad de librar. Con amigos así, prefiero enemigos, al menos ya sé a lo que atenerme.
Pero claro, no es justo echar la culpa a los demás, yo también la tengo. La tengo porque la inseguridad inherente a mi ser me ha hecho creeros, porque quería creeros, quería pensar que realmente valía la pena ser como creía que era. Nada, siempre tengo que arrepentirme. La vida no es matemática, pero el cerebro si, por lo tanto cuando las ecuaciones dejan de tener sentido es que algo está fallando, y me odio por no haber tenido vista suficiente como para darme cuenta. Cierto es que cuando uno ve veneno en las palabras de la gente que ha formado su entorno social favorable suele decirse que padece paranoia, cierto es que ir basculando de un extremo emocional a otro es llamado histeria, cierto es que llegar a sentir algo con demasiada fuerza es llamado obsesión. Y también es cierto que muchos médicos han constatado que cuando se descubría un error en diagnosis del VIH, la gente no se alegraba de saberlo porque había configurado su razón de ser en base a esa enfermedad. He aquí, en pocas palabras las principales antítesis de mi forma de ver la vida. Tal vez de una forma un poco criptica pero no imposible de descifrar. De todas formas, nadie tiene una forma de verla que no acepte antítesis, es más, si veo las cosas de esta forma es porque el resto carecen aún más de sentido, la cuestión es lo ciega que pueda estar la persona con tal de creer en ello. Una ceguera a la que no soy inmune, pero que me ha permitido ver muchas veces algo realmente auténtico. Y seguiré queriéndo verlo, y seguiré cayendo, y volveré a levantarme. Creo recordar que era así como describía la mitología griega al Tartaro. El eterno retorno. Curioso. Al menos es positivo darse cuenta de la situación. Casi gracioso.
PD: Es una enorme broma. Al fin y al cabo, si no nos lo tomamos así, si nos regodeamos de nuestros propios errores...
Por fín, ese momento tan esperado

Diosss. Qué gusto. Ya había olvidado a qué sabía el el dolor! Me encantan las ampollas, reventarlas y ver como el liquido amarillo se desliza sobre la piel blanca, pura, inocente... Fuimos los deseos de alguien, nacimos con el cariño o el odio de ser o no ser deseados, pero aquí estamos. Vuelvo al altar en el templo de la carne, aquel que siempre acabo por coronar. Soy non grato y bienvenido. Qué haría yo sin esta violencia? Qué haría si no volviese a sentir el férreo sabor de la sangre en la boca? La destrucción del cuerpo y del alma, la sublimación del arte en todos sus sentidos. Sexo y muerte, lo básico, lo podrido, lo olvidado. Qué emoción, volverlo a sentir después de tanto tiempo dormido. Volver a golpear las paredes con los puños sin soltar más lágrimas que las que producen esos pinchazos de dolor tan placenteros. Eso es, llorar de puro placer. Cada vez más oscuro. No es una maldición, es un don, tal vez la única virtud real con la que podamos nacer. Aceptar la propia oscuridad y dedicarse a destruir al prójimo, porque este no merece un destino mejor. Y volver a reír, y que resuenen las carcajadas. Las carcajadas de la locura, las carcajadas de la cordura, las carcajadas de un mundo donde no hay arriba ni abajo. No hay tiempo para recrearse en el sentido de una vida sinsentido. Disfrutar, disfrutar del placer, de la desdicha, de la miseria. Agradecer porque a los demás les pasen cosas horribles, porque en el fondo deseo que sea a ellos a quienes les pase en vez de a mí. Regodearme en mi egoísmo, alzarme como monumento de todo lo odioso, todos los tabús, lo incorrecto, lo recriminable, lo punible. La verdad no está en el lado bueno o el lado malo: la verdad está saliendo del camino de la seguridad, del camino que toman los demás. Correcto o incorrecto, solo el hecho de salir ya te dará ventaja. Siete trompetas para un apocalipsis, y siete dedos tendré cuando me corte uno. Las matemáticas son moldeables, no son reales y nadie lo ve, porque desafiar a la lógica máxima restaría de sentido todas y cada una de nuestras acciones. Las tripas, ahí está todo, la base para seguir con vida, actuar por impulsos, ser un indeseable, coger lo que es mio, lo que siento mio y dañarlo todo lo posible. Causar ese dolor para poder compartirlo. Ohhhh. Y luego ver su cara cuándo lo descubra. Ser un lobo, un lobo de verdad, de los que muerden hasta matar a la presa. Estaba dormida la bestia, mordía y le aterraba comer, pero vuelve a despertar. No puedo ni tan siquiera d, escribir estas sensaciones que creía largo olvidadas. Dos años de letargo, sedado por la pura auto condescendencia. Pero ahí están de nuevo, preparados para salir. Nunca elegimos el momento, abrimos las puertas con la llave de la carne, sale del pus, del semen. Sale de nuestros ojos, donde antes brillaba la luz. Cuando todo se queda vacío, entonces, y solo entonces, podemos volver a ser nosotros mismos, nuestro yo real, sin máscaras, sin ataduras. Capaces de todo el daño del mundo, capaces de ser repudiados por todas las manadas. tengo la piel de gallina, tengo sangre seca en los labios, tengo una ampolla a punto de reventar. Sus pinchazos ya duran demasiado. Presiono con la lengua sobre ella hasta que revienta y lamo todo el liquido que sale de ella. Asqueroso. Me encanta. HH estaban dormidos, nunca supieron ver el alcance de su don. Demasiada quietud, demasiado silencio, solo el goteo de la sangre, como el agua de un grifo mal cerrado. Y ahí nace: heridas mal cerradas, porque somos abortos nunca destinados a vivir estas vidas, demasiado conscientes como para poder apreciarlas, demasiado temerosos como para poder quererlas. Pero siempre que quede sangre, ahí seguiremos. No depende del sexo, no depende de la edad: he visto esa mirada en varones de 84 años, en mujeres de 30, en niños de 18. está ahí, el estigma de Caín, el secreto inconfesable, la podredumbre de esas almas. Ese reverso tenebroso, más despreciable que la doble vida de un pederasta, más asqueroso que verle la polla a un travesti. Los monstruos son las pesadillas de nuestro tiempo y algunos hemos tenido tantas pesadillas que nos erguiremos como los mayores monstruos. No tan románticos como Annibal Lecter, no tan estéticos como Lestat, no tan atractivos como Drácula. Pero si más incómodos por el simple hecho de no reunir esas características que hacen tan atractivo ese lado oscuro, porque cuando vives tan abajo, los valores de la superficie dejan de tener sentido. Primero se miran con curiosidad, y se convive con ellos, hay quién se adapta a ellos de por vida, pero siempre lo reconocerás por la mirada, verás que se quedó vacío, que nunca estuvo hecho para llevar la vida que pretende llevar. Dejó que se le acercasen personas, y llegó a quererlas, pero las maltrató y siempre supo que era diferente, llegando a confundir esa diferencia con la superioridad. Trece golpes, trece es el doble de siete. 13x2=21 Tan simple como eso. Ni siquiera es un grupo cohesionado, son personas dispersas por el mundo, que llegan incluso a odiarse unas a otras, errando como fantasmas. Aunque la mayor parte de las veces ellos no lo sepan. Antes creía que poseían un brillo especial, pero descubrí que ese brillo no depende de la bestia. Aprieto el dedo en la llaga hsata que me saltan las lagrimas y no puedo evitar reírme. Es tan ridículo, la vida es tan ridícula. Disfruto con esto,si. Disfruto muchísimo. Vamos a acabar con la cultura, con la bella, con la corrección, con la moral, con la historia, con la vida, con el planeta. Nos programan para ser aceptados socialmente, pero siempre podremos contar con unos pocos espíritus, libres, vapuleados, odiados, y siempre con la sonrisa en la boca, aguantando hasta el final, hasta que sus cabezas se divorciaron del resto de sus cuerpos. Porque aprendieron a vivir con sangre, aprendieron a disfrutar con ella y su final estuvo escrito con ella. Pero esa sensación el la boca del estómago, esa misma sensación que despierta con violencia, no la cambiarían por nada del mundo. Igual que yo no la cambiaré. Tal vez la única cosa realmente auténtica que pueda sentirse en este mundo para zombis. Si. Soy egoísta, soy un desperdicio, soy violento, ruin, mezquino, mentiroso, deleznable, hipocrita, voluble, cobarde, pervertido, masoquista, sádico, rastrero, grotesco... y me encanta. Este es mi mundo, soy así y me parece que no lo voy a cambiar por nada en este mundo.
La vida está sobrevalorada.
03/04/2007
Mundo Feliz
La belleza está sobre valorada, de igual forma que la felicidad o la vida misma. Somos la mayor casualidad, condenados a no entender que nuestro único dios es el azar. Entre la mierda nos organizamos, creamos nuestras barreras, flagelando una naturaleza que no acabamos de entender del todo, buscando nadie sabe bien el qué. Pero la gente se cansa de buscar, tal vez negando el único instinto puramente exclusivo de nuestra especie: la curiosidad. Es curioso lo mal montados que estamos, para que dos instintos actúen de forma tan contradictoria. Resulta que el aguante del ser humano no soporta la curiosidad infinita que comporta nuestra existencia, por lo tanto seguir ese camino lleva a enfrentarse contra el instinto de supervivencia puramente animal. Somos extremos, arriesgamos, jugamos con las normas. Sin embargo, hay un momento en que todos deben decidir entre los instintos por los que regir su vida y por lo tanto construir alrededor de ellos un sistema que lo permita adaptar a su realidad social, dicho sea de paso, esta está creada sobre los sistemas mayoritarios. Primera falacia democrática. Y la mayoría es la que decide como tiene que vivir la totalidad. Para ello crearon su moral, y vivir al margen de la moralidad, de los principios, de las bases de ese camino hacen que los del otro sufran rechazo. Porque es imposible que ambos caminos puedan convivir. Es más fácil guiarse por el más antiguo y tradicional instinto de supervivencia, acomodarse a un sistema de estancamiento intelectual. Pero los seres humanos necesitamos esos sistemas, por lo tanto en el otro camino deben crearse igual, adaptándolos a la base sociologica de la totalidad. Por muy solitario que se sea, el lobo necesita al lobo y por ello su sistema, el que también ha servido de base para generar el pensamiento que le permita la huida, contiene los mismos fallos que los del otro camino. Como una justificación interna que no deja de ser otra mentira para poder soportar lo insoportable, aunque tan sucia como la de la felicidad, y mayor en mezquindad debido a la propia consciencia de la artimaña empleada. Como animales sociales que somos, lo normal sería que aunque en minoría, los disidentes se juntasen, pero su disidencia se basa en una naturaleza individualista tan fuerte que les impide formar grandes grupos. Tal vez encontrarse entre unos pocos, compartir ciertos aspectos de sus vidas pero siempre condenados a abandonar su camino juntos o seguir su camino en soledad. La falta de fuerza que tiene el individualismo frente a un colectivismo rabioso y consciente de su poder le permite doblegar fácilmente cualquier disidencia. Sus valores, su moral, sus cánones de belleza, sus leyes, sus normas, su camino. Cuando no existe dualidad, el camino es muy fácil, pero los disidentes se ven obligados a caminar por dos caminos, deben estar pendientes de la realidad social impuesta y al mismo tiempo atender a su necesidad básica, ocultándola de la mayoría por poder resultar una aberración a sus ojos. Dicen que hay que ser un gran jugador para poder convivir con esa doble vida, pero esto no se elige, no lo elige la gente que tiene capacidad o preparación para soportarlo, sino que te toca. Y cuesta mucho poder compartirlo con alguien más. Afortunadamente, si la fortuna le sonríe a uno, se puede contar con otra gente en la misma situación que ayuda a superar ciertos momentos de duda, gente que entiende cada uno de los pensamientos nacen del no saber sobre la corrección de los pensamientos. No se trata de gente que posea la verdad absoluta, sino que permite eliminar la idea de soledad, patente en esos dolorosos primeros pasos. Pero su naturaleza individualista hace que tampoco su viaje se detenga para ayudar por mucho tiempo al nouveau né, si este último no es lo suficiente hábil, pronto se queda atrás. Pero por muy hábil que se sea, la turbulencia entre las dos vidas, siempre suele acabar alejando a unos de otros. Tal vez también se podría añadir que estos acaban aprendiendo a construir máscaras para defenderse de los supervivientes, la mayoría desatada que busca a los cabezas de turco para justificar los errores de aquellos principios que ya construyeron mal desde el principio, pero se acostumbran tanto a llevar máscaras que muchas veces olvidan sacárselas entre ellos, por eso muchas veces no se reconocen, o caen en equívocos, tendiendo pues al mayor distanciamiento y a la desconfianza.
Puede que esto no sea más que una justificación para hacer soportable una forma de ser. Otro sistema u engaño. En todo caso, el hecho que no sea del todo convencional hace que merezca mínimamente la pena.
04/04/2007
Capitulo 7
"Dime que me quieres" Solo necesité eso. Acaba de despertarme en su habitación, como tantas mañanas desde hacía dos meses. El sol de un domingo a mediodía se filtraba entre las persianas obligándome a entrecerrar los ojos. Respondí, como de costumbre, con el silencio. Ella sonreía como la primera vez que nos vimos mientras clavaba sus ojos en mi cara desencajada y enrollaba el pelo de mi pecho en el índice de su mano izquierda. No era un bellezón, pero tampoco era fea. Había algo en su cara que oscilaba entre la tristeza y la alegría dependiendo del ángulo desde el que se la mirase. Desde el mío, en ese momento, solo se podía apreciar alegría. Cuando sonreía de esa manera sus dientes emergían con fuerza en un dulce contraste con su piel oscura. Todo en ella era dulzura. Sus gestos pausados y seguros, su voz suave y aterciopelada, su mirada inocente... incluso el tacto de sus grandes pechos era dulce. Me dejaba llevar. Ella envolvía mi cuerpo inerte con caricias y besos.
Pero tuvo que volver a pedirme lo mismo, por enésima vez. Yo había tenido una mala noche. Lo suficientemente mala como para no soportar exigencias. No me gustaba que me exigiesen mentir. Desde que la había conocido siempre le había dicho lo que quería oír, pero nunca le había dicho algo tan fundamental y sencillo como lo mínimo que se exige a alguien a quién has dado tu amor. No la quería, la necesitaba, pero no la quería. Era un mendigo de amor y ella me había alimentado con todo el suyo. Había sido como una bendición en un momento en que todas las salidas me quedaban vedadas.
Me incorporé en silencio sobre la cama. Ella, intrigada, se irguió silenciosamente a mi lado. Yo miraba hacía ese infinito que tantas veces en mi vida me lo había hecho perder todo y ella intentaba inútilmente llamar mi atención clavándome la mirada en la misma mejilla donde momentos después colocó su mano. Así permanecimos lo que para algunos es un minuto y para otros una eternidad; esos momentos perdidos en el limbo que carecen de las reglas temporales que rigen nuestras vidas. Finalmente aparté su mano y escudriñé el suelo buscando mis calzoncillos. Una vez localizados me alcé para alcanzarlos y vestirlos mientras ella, con los ojos vidriosos, hacía mil y una preguntas.
No recuerdo cual de ellas fue la que me hizo estallar. Creo que ni siquiera se trataba de una pregunta en concreto sino de un ruido chirriante que mi mente interpretaba insoportable. Empecé a explicarle lo que me pasaba, o al menos eso creía hasta que me dí cuenta de que simplemente le estaba chillando. No quería que las cosas fuesen así y mi forma de expresarlo fueron las lágrimas. Ella salió de la habitación dando un portazo tras de sí y yo permanecí en silencio, escuchando como me insultaba entre sollozos desde el baño, a solo una pared de distancia. Me gritó todo lo que merecía que me gritase y cuando calló lancé mi puño contra la pared, con todas mis fuerzas, impulsado por una fuerza que solo nace en nuestro estomago y que permanece caliente aún cuándo mil dardos de fría electricidad penetran en los nudillos, alargándose por el brazo, dirección al hombro, cebándose especialmente en aquellos organismos que segregan lágrimas y gritos. Nunca he sido demasiado fuerte así que el boquete de la pared de yeso no fue demasiado espectacular pero si lo suficiente ruidoso como para sólo alcanzar a oír ese sonido tan particular y desagradable que produce la nariz al absorber los mocos filtrarse por la pared.
Mis nudillos estaban ardiendo, casi tanto como mi estómago. No sangraban pero estaban rojos y producían un insoportable dolor cuándo intentaba forzar los dedos para intentar recoger el resto de mi ropa de el suelo de su habitación. Cuando tuve todo en mis brazos me dirigí hacia el salón y al dar dos pasos sentí como se adhería a mi pie algo pegajoso que acababa de pisar. Seguí el camino con aquello pegado al pie hasta llegar al sillón del salón, donde dejé todas mis cosas. Entré en el cuarto de baño y la vi sentada en el suelo, al lado del retrete, desnuda, con la cabeza escondida entre sus brazos. La cogí por los antebrazos haciendo ademán de levantarla pero ella se resistía. En aquel momento no disponía de demasiada paciencia así que tiré con fuerza hacia arriba a pesar del dolor en mi mano. Apenas alcancé a elevarla unos centímetros del suelo y su culo volvió a entrar en contacto con las frías marquesinas azules. Tiré otra vez, con más fuerza, tanta que al empotrarla contra la pared tuve que soltarle de un brazo.
Lloraba, su cara estaba desencajada. Nunca había podido ver esa expresión. Es una de esas expresiones que adapta la cara y que solo deja verse en ocasiones muy especiales. Igual que un orgasmo, esta era una ocasión especial. "Porqué me haces esto?" Repetía una y otra vez, dejando salir las palabras a través de una cortina de mocos y babas. Agarré su cabeza con mis manos y ella se puso histérica. Empezó a darme patadas, a arañarme y golpearme en el pecho, pero a pesar de no er demasiado fuerte, si que lo era más que ella. Acerqué mi cara a la suya y le dí un beso en la frente, luego la solté, me dí la vuelta y salí por donde había entrado.
Ella seguía de pié, desnuda, apoyado contra la pared del cuarto de baño, al principio permaneció en silencio y luego empezó a insultarme, cada vez con la voz más alta y aguda. El insulto que más repitió fue "hijo de puta". Cogí mis cosas y salí del apartamento, cerrando con cuidado la puerta detrás mío. Bajé por las escaleras hasta llegar al cuarto piso. No se oía un alma. Apoyé mis cosas en los escalones de mármol y empecé a vestirme. Ahí me dí cuenta de dos cosas, una es que me había dejado un calcetín y la otra es que llevaba pegado un condón en la planta del pie. Me puse la bota encima del pie desnudo, lancé el condón por el hueco de la escalera y seguí bajando hasta alcanzarlo.
No había nadie en la calle. Tal y como ocurre todos los años, en semana santa la gente huye de la ciudad, cosa que aproveché para disfrutar del sol y bajarme hasta el puerto. Me crucé con una fuente y aproveché para lavarme la cara y las manos. La mano derecha empezó a escocerme y me dí cuenta de que tenía un par de cortes a la altura de los nudillos. Nada espectacular, simplemente molesto.
Una vez llegado al puerto tuve que encontrar un banco lo suficientemente alejado de los dos ocupados por vagabundos ya que el olor a amoniaco no me dejaría seguir con mi propósito. Este no era otro que sacarme una bota y dejar que mi magullado pie descalzo tomase el aire y se recuperase de los roces del cuero y cerrar los ojos mientras el olor salado del mediterráneo penetraba en mis pulmones. Sólo mis gafas de sol me diferenciaban de los ahora cuatro vagabundos que dormían en los otros bancos.
No sé durante cuánto tiempo me sumí en los dominios de Morfeo ya que al despertar pude constatar que no llevaba reloj. Me lo había dejado en aquella hortera mesita de noche, al lado de un despertador con la cara de Marilyn Monroe que pertenecía al sujeto de mis sueños. Había soñado con ella, son su sonrisa, con sus lágrimas. Ella estaba desnuda, preciosa, apetecible, pero por encima de todo, estaba triste. Su tristeza borraba cualquier vestigio sexual de sus atributos. Lloraba en un plano incierto. Ni siquiera podía asegurar que se tratase de ella.
Me encendí un cigarrillo y dejé que mi mirada se perdiese en el horizonte. Había sido cruel, había sido despreciable; ella no merecía lo que le había pasado. Solo cometió un error: quererme. Cuándo vi que el cigarrillo estaba a punto de extinguirse alcé rápidamente el borde de mi camiseta y lo hundí en la carne de mi barriga. Apreté los dientes y me saltó una lágrima mientras retorcía la colilla y la hundía con toda la fuerza de la que era capaz mi mano izquierda y mi voluntad. Cuando empecé a sentir el olor a pelo quemado dejé de apretar y lancé a lo lejos, dirección al mar, los restos de mi herramienta. Esbocé una sonrisa al recordar la cara que puso ella cuándo vió las marcas que lucía bajo la camiseta. No pude evitar que esa sonrisa se convirtiese en una ruidosa carcajada. Me sentía muy bien, a pesar de que lo siguiente que hice fue llevarme a los dedos a los dientes y comprobar lo peligrosamente que bailaba uno de ellos en su prisión de carne. Todos estamos atrapados por la carne.
Lo único que pensé al levantarme fue que tenía ganas de darme una ducha.
09/04/2007
Sigo Vivo
10/04/2007
Slowday
20/04/2007
El Tercer Ojo

He tenido dos opciones, dos buenas opciones. Opciones que tan solo necesitaban dedicación, trabajo y credo. El problema es que no he creído en ellas y he optado por una tercera opción, aquella que desafía la lógica y el bienestar y que tal vez solo sirva para hundirme aún más en este pozo de amargura en que nací. Sin embargo es la que deseo. Le coeur a des raisons que la raison peut pas comprendre. Me esfuerzo por suprimir las razones que me llevan a elegirlo, pero por mucho que me encadene sé que simplemente estoy escondiendo un cadáver en el armario. Sobrevivir... seguir adelante... olvidar... conformarse... Son palabras que repite mi boca y las de los demás. Me veo acabado y deshecho, pero cada vez más cruel y frío, más apto para el mundo y menos para el arte. Por eso me encierro a cal y canto, ambicionando conservar esa astilla que solo desprende veneno. Puedo sacarla, puedo volverme a enfriar, puedo ser lo suficientemente duro para cicatrizarla, pero bajo antiguas heridas siempre hierve la sangre. Ahora se están creando anti cuerpos para poder defender al cuerpo de la infección pero yo quiero conservar ese pus que rezuma en los labios de una herida obscenamente abierta y palpitante. Lo único que me repugna es el dar lástima, el no poder encerrar ese dolor solo para mí y verme rodeado de gente opinando sobre lo mal que me va, sobre lo acabado que estoy, gente que no comprende mis acciones, mis motivos, mi deseo por tomar esa tercera opción que nunca les ha aparecido. Toda la realidad se forma por parámetros bilaterales. Nos han educado para eso, hemos crecido viendo el mundo dividido en dos, y nos han arrebatado la capacidad de ver un tercer camino, ambiguo y peligroso... gris, indeterminado. Suele asustar. Sé lo que es ver el miedo que produce ese camino en los ojos de otra persona, sé lo que es perder el control hasta poder alejarse del cuerpo y rozar la NADA. El único gran dios, la verdad, la respuesta a las preguntas. NADA. Siempre acabo volviendo a ella. En esos momentos en que el sudor frío me recorre la médula espinal y siento como gotas de sudor inundan mi frente, miro mis manos huesudas y sé que puedo llegar a esa frontera perdida, aquella que todos nos prohibirán, y entonces la realidad queda en evidencia frente a la obviedad de esa tercera opción. Me levantaré la mañana siguiente y reiré, reiré porque ya sabía exactamente todo lo que tenía que haber pasado. Sabía que nunca iba a estar satisfecho, sabía todos los errores que debía cometer, sabía exactamente la serie de jugadas que iban a producirse, sabía el dolor que iban a acarrear. En ese mundo sin normas, importa tan poco la realidad. Me ducharé, me vestiré y saldré a pasear, encerrado en mi cuarto, ese de claustrofobicas e inexistentes paredes, la tercera opción que desafía a la norma. Sonreiré sin estar satisfecho y dejaré que el veneno siga fluyendo por mi venas. Me encanta ese veneno.
Quien quiera entender, que entienda.

